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POLÍTICA Brasil

El 64% de los brasileños quiere que Lula mande en el gobierno de Dilma

Americaeconomica.com / 13-06-2011
Según un sorprendente sondeo hecho público en Brasil por el diario Folha de Sao Paulo, un 64% de los brasileños, más de la mitad, desearía que el ex presidente Lula da Silva participara en el gobierno de Dilma Rousseff, su sucesora, e interviniera en las decisiones que se tomaran en un futuro. Los segmentos de población con menos recursos y educación son los que más ansían el retorno de Lula, con un 69% de apoyo, mientras que el 53% de las clases acomodadas rechazan tal idea. Dilma no consigue escapar de la sombra del mentor político.

Sin embargo, durante el pasado mes, en el que se ha producido la primera crisis seria de gobierno tras las elecciones por la dimisión de Antonio Palocci, la imagen de Dilma ha mejorado entre los brasileños. Si en marzo un 47% de ciudadanos consideraban la gestión de la presidenta como “buena o muy buena”, según los últimos datos esa aprobación ha llegado al 49%.

La crisis, provocada por el enriquecimiento de Antonio Palocci, ex hombre de Lula y ministro de la Presidencia, que ha debido dimitir, parece que por tanto no le pasa factura a Dilma, que sin embargo no consigue escapar de la alargada sombra de Lula. De hecho, nada menos que un 80% de los brasileños opinan que el ex presidente ya participa en el gobierno e influye en las decisiones desde un segundo plano.

La salida de Palocci, que Lula intentó evitar a toda costa, incluso mediando en el gobierno, ha fortalecido a Dilma La senadora Gleisi Hoffmann, del Partido de los Trabajadores (PT) y esposa del ministro de Comunicaciones, Paulo Bernardo, ha sido la elegida para suceder al mandatario, acosado por la oposición y los medios por un enriquecimiento ilícito.

Una decisión en apariencia sorprendente, ya que hasta el momento Dilma había seguido los consejos de Lula en la composición de su gobierno y políticas. En ese sentido, Palocci era un auténtico “hombre de Lula”, de cuyo gobierno fue también ministro, hasta que otro escándalo le obligó a dimitir en 2006. La elección de Hoffmann, cuya experiencia en política es poca, supone toda una declaración de intenciones, ya que analistas y políticos brasileños esperaban que Dilma escogiera a alguien relacionado con el entorno de Lula y su legado. Es decir, la presidenta lanza un mensaje de independencia, aunque los brasileños sigan otorgando a Lula un papel preeminente en la política del gigante sudamericano.