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MERCADOS Y FINANZAS Brasil

Brasil, el primer país en imponer un impuesto al uso de derivados financieros

Dilma se enfrenta a los especuladores para "enfriar" el real
Americaeconomica.com / 27-07-2011
El fortalecimiento del real se ha convertido en un auténtico problema en Brasil, ya que afecta negativamente a la capacidad exportadora de la industria nacional y reduce la competitividad de las compañías brasileñas en relación al extranjero. Por ello, Dilma Rousseff ha decidido tomar la iniciativa y poner en marcha una drástica medida: desde este momento, el país aplicará un impuesto, que puede alcanzar una gran intensidad, a los derivados cambiarios que especulen sobre la valorización de la moneda. El objetivo es “enfriar” la fortaleza del real, que el martes alcanzó la mayor cotización en doce años.

Rousseff ha decidido coger el toro por los cuernos. “Vamos a hacer menos rentable la especulación con todas estas medidas. Estamos en medio de una guerra de divisas. Imaginen si no se hubieran tomado estas medidas, el dólar estaría aún más bajo", declaró ante los medios su ministro de Hacienda, Guido Mantega, que también aclaró que si el impuesto no es lo suficientemente potente en un principio, podría endurecerse para lograr su objetivo.

Los derivados cambiarios que partan de una apuesta neta a que el real se apreciará serán gravados con una tasa del 1% para que los instrumentos bursátiles que apuntan en esa dirección sean menos atractivos para los especuladores y por tanto decaiga el interés en el real. Mantega ha señalado que ese impuesto podría aumentarse, dentro de los planes del Gobierno para que tenga un efecto consistente, hasta un 25%.

En los últimos días, el real ha cotizado 1,567 unidades por dólar, una cifra histórica que muestra el fortalecimiento del real en un país con una alta tasas de interés que busca frenar, a su vez, la inflación, el gran fantasma a que se enfrenta Rousseff desde que sucediera a Lula da Silva al frente del timón del gigante sudamericano. Con un crecimiento de los precios del 6,75% (lo deseable para el Gobierno sería un 4,5%), la buena marcha del real ha ido restando competitividad a los empresarios exportadores brasileños, que han presionado a Rousseff para que tomara medidas ante el riesgo de “sobrecalentamiento” de la economía brasileña y de que puestos de trabajos estén en peligro por ello.