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POLÍTICA Brasil

Dilma se acerca a sus aliados políticos para rebajar la tensión en la coalición de Gobierno

Americaeconomica.com / 23-08-2011
Dilma Rousseff atraviesa por un periodo de turbulencias al frente de Brasil. La coalición de Gobierno, formada por once partidos políticos, se resquebraja por los escándalos de corrupción que han hecho caer ya a cuatro ministros en apenas unos meses. La necesidad de mantener la unión con el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), su mayor aliado, choca con la llamada “limpieza ética” con la que Dilma combate las irregularidades y que ha tensado el ambiente. Por ello, la mandataria ha mantenido una cena con la cúpula del PMDB y planea reunirse con diputados, senadores y ministros de esa formación.

Esta semana se ha abierto con nuevas sospechas sobre otro ministro, en este caso el de Turismo, Pedro Novais, perteneciente al PMDB. De caer, Novais sería el tercer mandatario de ese partido en salir del Gobierno, lo que pondría a Dilma en una situación límite. Para evitarlo, la presidenta ha intentado acercarse en los últimos días al PMDB, lo que ha incluido participar en una cena con la cúpula de la formación. A pesar de que es su propio partido el que está estudiando las sospechas de corrupción que se ciernen sobre Novais, en sus filas cunde el malestar por lo que consideran una excesiva mano dura que perjudica a sus intereses políticos.

La semana pasada, el líder del PMDB en el Congreso brasileño, Henrique Eduardo Alves, anunció públicamente que su formación amenaza con congelar las reformas que tienen en marcha el Gobierno de Dilma como medida de presión por lo que considera un ataque a los privilegios de su partido. "La falta de claridad, de franqueza y de respeto hacia el Parlamento está causando una gran insatisfacción", ha señalado a los medios Alves, en clara referencia a los ministros de su partido, Nelson Jobim y Wagner Rossi, que han salido del Gobierno precipitadamente en las últimas semanas.

La reacción del político se debe a que Rousseff ha cambiado radicalmente de estrategia con la corrupción. Del clima de tolerancia que había reinado con su antecesor, Lula da Silva, se ha pasado a un férreo endurecimiento que ha sorprendido a sus propios allegados y aliados políticos, acostumbrados a recibir la vista gorda por el poder. De ahí que comiencen a aflorar tensiones que podrían pasarle factura a la mandataria, especialmente si la situación con el PMDB se enquistara. Sin embargo, la población apoya masivamente la actitud de la mandataria, que cuenta con una elevada popularidad del 70%.