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EL CAFÉ DE LAS ARTES Chile

Diego Peralta

Rafael Alba / 16-02-2016
Estamos de suerte, hay que decirlo, porque el último giro de la rueda de las modas y los ‘revivals’ nos favorece. Sí, amigos, otra vez resultan procedentes las grandes canciones, el pop con mayúsculas, las buenas melodías y las historias bien contadas que se despachan en poco más de tres minutos. Como hace el cantautor chileno Diego Peralta.

Un artista que parece buscar, y encuentra en ocasiones, el equilibrio entre el pasado y el presente, con un ojo en las joyas intemporales de grandes autores del estilo de Burt Bacharach y otro en los inolvidables escritores del gran rock latinoamericano como Charly García o Gustavo Ceratti.

Diego exhibe alguna otra virtud más. Por ejemplo, las leves notas agridulces y la luminosa melancolía de unos textos muy cuidados que abordan con la distancia necesaria los dramas y las tragedias cotidianas y esas complicaciones, a veces difíciles de superar, que pueden deparar las relaciones personales en estos tiempos de incertidumbre.

Además, Peralta se ha decidido a dar un salto mortal, sin red, a la hora de grabar su nuevo disco, titulado ‘Nuevo Hogar’ y ha abandonado la protección natural de su estudio casero, y la llamada ‘música de dormitorio’, para rodearse de un potente grupo de colaboradores que aporta diversidad y potencia a la elegancia natural de estos temas.

Así, en la alineación del nuevo trabajo de Diego figuran unos cuantos compañeros de fatiga que son también artistas con pedigrí en la nueva escena del floreciente pop chileno, como Italo Arauz , el batería de Matorral, Leo Saavedra, teclista de Primavera de Praga o los cantantes Cristóbal Briceño de Ases Falsos y Tomás Preuss de Prehistöricos.

Y por último, pero no menos importante, ya saben, Peralta ha sacado buen partido en este disco, del fino trabajo de Mowat, su productor, que ha acertado plenamente a la hora de vestir unas canciones que no necesitan demasiados aditamentos para volar alto, pero que se han beneficiado de unos arreglos ajustados en los que ni sobra ni falta casi nada. Y, créanme, eso se agradece en estos tiempos de ampulosidades gratuitas potenciadas por la electrónica y los ‘loops’ y los instrumentos virtuales.