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POLÍTICA Cuba

¿Llegó la hora?...

Americaeconomica.com / 04-07-2011
Parece que, finalmente, la pretensión de Raúl Castro y Ramiro Valdés de reformar la economía cubana va en serio. Según publica Granma, el diario oficial del Partido Comunista Cubano, antes de que finalice el año los habitantes de la mayor de las Antillas podrán comprar y vender, en principio libremente, viviendas y automóviles. Se cumpliría, de esta manera, una de las principales peticiones de los cubanos, que en las asambleas preparatorias de los Lineamientos discutidos en el VI Congreso del partido, solicitaron masivamente estos derechos.

Según anuncia Granma, el plan de modificación de la normativa que prohíbe este tipo de transacciones está muy avanzado. Esta cuestión habría formado parte del Consejo de Ministros, que ha visto la necesidad de anunciar, porque es la función principal del diario, de manera tranquilizadora que los acuerdos adoptados en el Congreso no van a quedar “engavetados”. Simplemente, “la necesidad de revisar el contenido de unas 188 disposiciones legales vigentes relacionadas con este tema —la mayoría de las cuales establecen prohibiciones de carácter administrativo—, ha impedido trabajar con tanta agilidad como se quisiera”, asegura el diario sobre la vivienda.

Pero el objetivo final está claro. La revisión de la normativa viene a flexibilizar y eliminar trámites asociados a la compraventa de viviendas y vehículos de motor entre personas naturales.

En lo referido a las casas, el objetivo es contribuir, con una liberalización del parque habitacional, a poner solución al problema de vivienda que sufre la Isla. Para ello, el Gobierno de Raúl Castro estaría diseñando una simplificación de las gestiones para realizar la transacción de la propiedad, “y disminuir las prohibiciones establecidas al respecto, que durante años propiciaron la ocurrencia de innumerables violaciones”, reconoce Granma.

Con respecto a los vehículos de motor, hay que tener en cuenta el escaso parquet móvil con el que cuenta la Isla. No en vano, la posibilidad de adquirir un coche para un cubano se limitaba a los méritos acumulados en el servicio al país. Una vez atesorados los necesarios, se adquiría el derecho de compra del vehículo. Desde ese momento, el propietario del mismo únicamente podía acudir a la administración si deseaba venderlo. El Estado se encargaba de traspasarlo de segunda mano y entregaba el dinero al propietario.

Con la nueva legislación, que entrará en vigor, como en el caso de la vivienda, antes e que finalice 2011, “la donación y compraventa de vehículos de motor de propiedad personal, lo mismo para las personas naturales con domicilio en el país, que para los extranjeros residentes permanentes en Cuba, con independencia del año de su fabricación” será legal.

Contará con alguna limitación. El Gobierno cubano no parece querer que el llibre albedrio se convierta en perjuicio para los cubanos o frene la apertura de mercado que se intuye. Para evitar la tasación individual de los vehículos, “han sido establecidos valores referenciales por clase y año de fabricación, aplicables cuando el importe no es declarado por las partes o es menor que este” refiere el diario.

En este caso, como en el de la vivienda, se deben revisar 40 prohibiciones o limitaciones vigentes que impiden la cesión de la propiedad de los vehículos entre personas naturales. Sin embargo, lo que Granma ha querido dejar claro antes de que la nueva normativa esté vigente, es que las transacciones de ambas propiedades, “quedan obligadas a pagar el Impuesto sobre la Transmisión de Bienes y Herencias.”

En definitiva, parece que el proceso, que se presumía lento, va a serlo finalmente. Sin embargo, y teniendo en cuenta que el actual Gobierno no es más que continuador de otro que ha tardado tantos años en decidirse a tomar medidas que mejoren la vida de los cubanos, los habitantes de la mayor de las Antillas tienen motivos para estar tranquilos. Las prometidas reformas se están llevando a cabo. Para hablar de la profundidad que alcancen y de los resultados que logren, habrá que esperar un poco más. El ritmo del régimen castrista es el suyo propio. No parece tener prisa alguna.