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POLÍTICA Cuba

Los analistas cubanos califican de “presión al gobierno” las nuevas decisiones de Obama para flexibilizar el embargo

Aurelio Pedroso / 29-01-2016
Barack Obama, presidente de EEUU

Barack Obama, presidente de EEUU

“Las nuevas medidas siguen el patrón de la política norteamericana de avanzar a cuentagotas dentro de las facultades presidenciales para restringir la aplicación del bloqueo, con el fin de presionar al gobierno cubano y determinar la agenda de las negociaciones y, a la vez, acompañar estas acciones de una campaña mediática que favorece a los demócratas en el plano interno y hacia el exterior deja la sensación de que se está haciendo todo lo posible, siendo culpa del gobierno cubano no saber aprovechar las oportunidades que les brinda la parte norteamericana”.

Así ha evaluado el analista Jesús Arboleya, especialista en política estadounidense, en Progreso Semanal, las recientes medidas del presidente Barack Obama con respecto a su propósito manifiesto de erradicar el bloqueo o embargo que pesa sobre la isla.

“A bombo y platillo”, asegura, “el gobierno acaba de anunciar nuevas enmiendas a las restricciones del comercio con Cuba” y cita entonces a Jacob J. Lew, secretario del Tesoro, quien aseguró que se trataba de “los pasos necesarios para apoyar al pueblo cubano a alcanzar la libertad económica y política que se merece”.

Según Arboleya, algunos han considerado estas decisiones como un paso “gigantesco”, pero “desde mi punto de vista, su alcance es limitado, son de difícil concreción y no reflejan una clara voluntad del presidente Obama de blindar con hechos su nueva política hacia Cuba”.

Seis enmiendas emplea el articulista por considerarlas como de las más importantes. A saber, la posibilidad de financiamiento y facilidades de pago para la exportación y reexportación (desde terceros países) de productos norteamericanos a Cuba; facilidades para el otorgamiento de licencias a la exportación de productos destinados al funcionamiento de las “organizaciones de derechos humanos”; otorgamiento de licencias para la exportación de productos y servicios relacionados con la aviación comercial; la aprobación, caso a caso, de licencias para la exportación de productos a empresas estatales cubanas en lo que se define como “necesidades del pueblo cubano” y no a intereses del desarrollo nacional; facilidades para el intercambio informativo y cultural, y finalmente las licencias para la realización de eventos deportivos.

Considera el autor que “se trata de medidas centradas en aquellos aspectos políticos que EEUU considera van destinados a un cambio de régimen en Cuba, así como la poca garantía” para una amplia aplicación dado que deben regirse por el visto bueno de los departamentos del Tesoro y el de Comercio, amén de la imposibilidad de utilizar el dólar norteamericano en las transacciones.

El impacto en la economía, por otra parte, “no es tan relevante (…) No están dirigidas a satisfacer los requerimientos de empresas fundamentales para el país y las posibilidades del comercio se ven restringidas en renglones decisivos como los alimentos. A ello se suma que en ningún caso se contempla la exportación de productos cubanos”.

El profesor Jesús Arboleya observa, no obstante, una virtud en este conjunto y es la de “dar continuidad al proceso de negociaciones iniciado el 17 de diciembre de 2014” y advierte que “no se puede esperar mucho más en un acto electoral, cuando la tónica es no correr riesgos y toda política se centra en elegir al próximo presidente de EEUU”.