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EL CAFÉ DE LAS ARTES España

BeGun

Rafael Alba / 17-06-2016
Hace tres años el activista electrónico catalán BeGun se convirtió en la gran sensación del momento en la superpoblada escena de los gurús de la música digital. Su sonido cautivó a la afición, gracias a unas relajantes postales sonoras, cuyos títulos hacían siempre referencia a grandes ciudades. Pero las expectativas no se confirmaron. O no del todo.

Tras poner en circulación unas cuantas grabaciones innovadoras y bien concebidas, Gunsal Moreno, verdadero nombre de este dj, pareció desvanecerse en el aire, o casi, y abandonó súbitamente el escenario sin haber llegado a publicar siquiera su primer disco de larga duración. Y eso que la expectación era máxima y las críticas espectaculares.

Las crónicas de los blogs y las páginas webs especializadas empezaron hacerse eco de algunos rumores sin confirmar sobre posibles desacuerdos con su discográfica inicial. Y hasta apuntaron que la joven estrella emergente había entrado en una suerte de crisis creativa. Al parecer, el impacto del choque entre sus sueños y la estrechez de miras de la industria fue demasiado fuerte.

Aunque es probable que algunos exageraran un poco. Siempre es complicado resistir la tentación de hacer literatura facilona con las historias épicas de genios malogrados y ángeles caídos. Y si algo sabemos ahora, con bastante certeza, es que, al parecer, BeGun ni pertenece ni perteneció a ninguna de estas dos categorías tan sobrevaloradas por los escritores de mi estilo.

Superado el apagón temporal, el dj catalán ha vuelto con fuerza al centro del escenario con la publicación de ‘Amma’, el disco ‘grande’ que debía a sus fieles seguidores. Y ha despejado cualquier duda que pudiera existir sobre su estado de forma o sus deseos de mantenerse en la pelea que, según se escucha, siguen intactos.

Tal vez no les guste la música electrónica. Y por eso mismo no deberían perderse este álbum, cuya escucha quizá les haga cambiar de opinión. BeGun ha dibujado aquí un nuevo mapa sonoro de Africa, en el que la electrónica ayuda a que la imaginación viaje por esos paisajes salvajes del enigmático continente que cada cual imagina a su manera.

Y que quieren que les diga. A mí sí que me ha gustado este trallazo de música envolvente y melancólica, tan relajante como vital, con la que es hasta posible atreverse a amagar, de cuando en cuando, un par de tímidos pasitos de baile. A estas alturas, uno valora mucho el trabajo de quienes le ayudan a pasar un rato divertido. Será porque tampoco abundan tanto.