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EL CAFÉ DE LAS ARTES España

Futuro Terror

Rafael Alba / 01-08-2016
Velocidad, ritmo y deseos de comunicación urgente. Tres características que han dominado la música juvenil en los últimos 50 años y que siguen ahí, por el momento, como banderines de enganche para las nuevas generaciones y arquitectura estilística sobre la que levantar proyectos como el defendido por el trío alicantino Futuro Terror.

La banda acaba de publicar un segundo disco intenso y divertido titulado ‘Su nombre real es otro’, en el que suben la apuesta melódica de su punk de alta intensidad gracias a ciertas cadencias, más o menos, ‘poperas’ y a unas canciones bien construidas con capacidad de permanecer en la memoria del oyente.

Obritas cortas de poco más de dos minutos que, como mandan los cánones, cuentan con su planteamiento su nudo y su desenlace y, al menos en mi opinión, permiten atisbar el rastro de las obras de algunos clásicos ochenteros del género como Garaje, el primer grupo conocido de Carlos Goñi, Parálisis Permanente o hasta Décima Víctima, que llenaron de oscuridad el luminoso escenario del viejo Rock Ola.

Buenas influencias que, quizá junto a otras también procedentes de esa época como la de los iniciales Joy Division, acercan al grupo a esa zona, más atormentada y menos violenta, en la que el punk opta por describir más las tormentas interiores que las sacudidas sociales que emponzoñan el agitado mundo exterior.

La furia, por supuesto, nunca falta en los temas que perpetra Futuro Terror, ni los ritmos espamódicos y cabalgantes de bajo y batería que animan a la concurrencia a bailar ese inmortal ‘pogo’ que, últimamente, parece haberse vuelto a poner de moda. Pero, en esta ocasión viene acompañada de una mayor solvencia instrumental que, al menos en mi caso, también se agradece.

A José (guitarras y voz), Joan (batería) y Néstor (bajo) se les notan las horas de vuelo, esos minutos de hierro pesado que las bandas de rock pasan un día tras otro encerrados en locales oscuros para perfeccionar sus ataques sonoros y también, por supuesto, la experiencia que concede el escenario y el enfrentamiento, a veces cruento, con esos públicos, no siempre afines que uno se encuentra por ahí, donde no queda más remedio que salir a ganar.