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EL CAFÉ DE LAS ARTES España

Rulo y la Contrabanda

Rafael Alba / 11-10-2016
En estos tiempos materialistas en los que vivimos se produce una supuesta paradoja que eleva a los altares del consumo masivo a los productos pensados para el ocio y el entretenimiento que contienen, desde su elaboración en fábrica, altas dosis de romanticismo. Lo que puede o puede resultar beneficioso, hoy por hoy, para un tipo duro acreditado como Rulo.

El artista cántabro dejó La Fuga, un proyecto ruidoso, rítmico, social y contestatario, en el momento de mayor gloria de un grupo que había contribuido a fundar y en el que ejercía desde el principio como compositor principal. Buscaba, según cuentan las crónicas, territorios más personales en los que hacer crecer sus inquietudes creativas.

Tampoco fue muy lejos, tal vez porque no era necesario. Raúl Gutiérrez, que es el nombre que figura en su carnet de identidad, mantuvo su apelativo de guerra, Rulo, e impulsó una nueva formación, La Contrabanda, para ayudarle a realizar sus propósitos. Y ya bien pertrechado, dirigió sus pasos hacia un estilo más íntimo y evocador.

Desde entonces ya han pasado dos discos y un montón de actuaciones. Y el tercero, titulado ‘El Doble de tu Mitad’ está a punto de ver la luz en los próximos días. Aunque, la afición ya dispone de unas cuantas pistas sobre lo que podrá escuchar, gracias a las dos o tres canciones adelantadas que han sonado ya en las radios y han corrido por las redes sociales.

Rulo y La Contrabanda trabajan bien en esos terrenos abonados para la metáfora de fácil comprensión, cuya elaboración es mucho más complicada de lo que puede parecer a primera vista. Espacios sonoros en los que las guitarras acústicas de cuerdas de acero se hermanan con las eléctricas y producen un ambiente dulce y proclive a la melancolía.

El truco está en no pasarse con el azúcar y en que los textos suenen vívidos y reales. Porque en estos parajes, que habitó en la década de los ochenta un tal Joaquín Sabina y frecuentaron Enrique Urquijo y Fito y los Fitipaldis posteriormente, los ‘adn’ de la canción de autor romántica y el rock callejero se entremezclan. A veces, para bien.

Hasta ahora, los esfuerzos de Rulo se han visto premiados por la buena respuesta del público. El femenino, especialmente. Y también por algún que otro abandono de sus antiguos leales que, a veces, se aferran demasiado a la épica de los himnos. Ya saben de qué va. Los hay que no quieren evolucionar.