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EL CAFÉ DE LAS ARTES España

Bad Gyal

Rafael Alba / 31-05-2017
Hay razones poderosas para tomarse en serio este movimiento. Por ejemplo, millones de visitas en YouTube. Y también que se trata de un mercado emergente para la todopoderosa industria textil. El dinero ha entrado con fuerza y como afirma en alguna que otra entrevista Bad Gyal: el 'trap' ya es una verdaderara industria.

Tiene esas características habituales en los movimientos juveniles de éxito. Por ejemplo, una capacidad prodigiosa para provocar a las generaciones anteriores que siempre ayuda a la hora de ganar nuevos adeptos. Pasó con el 'punk' en la década de los ochenta. Ya saben aquello no era música era ruido.

Ahora sucede lo mismo. Aunque ahora los cuarentones contra las cuerdas son los viejos 'indies', esos mismo que hasta hace nada utilizaban palabras como 'viejuno' para descalificar todos los sonidos que no pasaban por sus horcas claudinas. Ahora empiezan a darse cuenta de que la juventud no dura para siempre.

Y lo que viene es el trap. En aluvión, como suele suceder y con sus cosas positivas y negativas. Su carga de sexo, materialismo y un feminismo que se entiende por la capacidad de las 'mujeres' del movimiento de mimetizar los viejos roles masculinos. Y ejercerlos sin prejuicios ante el pasmo de las depauperadas clases medias.

Pero, también hay música. Y alguna es muy buena. La de Bad Gyal, por ejemplo. Un anacronismo en si mismo, porque presume de ser trilingüe (catalán, inglés y castellano) y circula por las autopistas rítmicas habituales en el género, pero, como demuestra su disco 'Slow Wine', aporta quizá un punto de originalidad que le permite destacar entre la multitud.

Ella es mucho más jamaicana que la competencia. A Alba Farelo, su verdadero nombre, habría que situarla más cerca de Kingston que de Atlanta, al menos según los críticos de Mondo Sonoro, que destacan la grandeza 'lowfi 'y el gusto por el downtempo de alguien a quien ya empiezan a considerar la gran referencia del dancehall hispano. Habrá que estar atento.