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Mientras el chileno es incapaz de poner fin al problema, la brasileña toma la iniciativa
Rousseff y Piñera: dos formas de reaccionar ante el conflicto estudiantil
Americaeconomica.com
Los estudiantes chilenos y brasileños comparten un objetivo común: exigir a sus respectivos gobiernos mejoras sustanciales en el sector educativo. En Chile, decenas de miles de jóvenes llevan movilizados desde hace más de tres meses sin conseguir llegar a un acuerdo con Sebastián Piñera, lo que ha aumentado la conflictividad social en el país. En Brasil, sin embargo, Dilma Rousseff, con mucha mano izquierda, ha recibido inmediatamente a los representantes de los estudiantes y se ha comprometido a estudiar sus propuestas. Dos mandatarios de diferente signo político que están manejando las crisis estudiantiles de muy distinta forma.

En el caso chileno, las protestas se explican porque el sistema educativo ha sido heredado por la democracia de la dictadura de Augusto Pinochet y mantiene unas elevadas tasas que impiden a los estudiantes con menos recursos acceder a la educación superior. Si lo hacen, deben soportar varios años de alto endeudamiento para poder pagar sus estudios, algo que repercute en sus propias familias. Además, los estudiantes reclaman que el Estado se ocupe del sector, y no los municipios, y que la educación, una de las más caras del mundo según la OCDE, sea gratuita y accesible universalmente para todos los ciudadanos.

Desde hace más de tres meses, los estudiantes se movilizan para exigir al gobierno conservador de Piñera que reforme el sector y asegure una educación superior gratuita y de calidad. Tras la huelga general de la semana pasada, que duró 48 horas y en la que murió un joven de 16 años a manos de la policía, el mandatario ha reaccionado ante las presión social y ha ofrecido a los estudiantes la posibilidad de reunirse con el ministro del ramo, Felipe Bulnes, y otros dirigentes del oficialismo, para tratar sus propuestas cara a cara. Una reunión a la que los representantes estudiantiles de la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech), como la archiconocida Camila Vallejo, se han adherido, y en la que Piñera participará personalmente.

Sin embargo, en el caso brasileño, Dilma Rousseff se ha apresurado a reunirse con los estudiantes, para intentar evitar que la situación chilena se reproduzca en Brasil. Los estudiantes brasileños han entrado en plena efervescencia y exigen a la mandataria que destine el 10% del Producto Interior Bruto (PIB) del país para invertirlo en la educación. Tras una marcha de 20.000 personas por las calles de la capital, Brasilia, los estudiantes han tenido esta semana la oportunidad de reunirse con Rousseff y entregarle sus propuestas directamente. Un gesto que dista mucho del inmovilismo de Sebastián Piñera en Chile y que Camila Vallejo, la omnipresente líder estudiantil chilena, cuya fama ya traspasa fronteras, ha podido seguir de cerca.

Inspirados por sus homólogos chilenos, los estudiantes brasileños se movilizan para pedir al Gobierno una mayor atención y reforzamiento del sistema educativo. La Unión Nacional de Estudiantes (UNE), organización estudiantil, convocó a 20.000 personas que marcharon por las calles de la capital brasileña. Al contrario que en el caso chileno, Rousseff se reunió con los estudiante, que le entregaron un documento con 43 propuestas, que Dilma se ha comprometido a estudiar y que hará llegar personalmente a sus ministros para evaluar su posible aplicación.

Los dos mandatarios han demostrado diferentes actitudes ante las reclamaciones de los estudiantes. Mientras Piñera, de signo conservador, ha tardado semanas en reaccionar y aceptar negociar unas propuestas que apoya la mayoría de la sociedad chilena (no en vano, los padres de los estudiantes deben endeudarse para que sus vástagos puedan estudiar en la universidad), Dilma parece haber aplicado el popular refrán “cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar” y ha atendido a los estudiantes con la máxima presteza para evitar que el conflicto se enquiste. Lo que sí parece claro es que los jóvenes sudamericanos están dispuestos a cambiar las cosas.
 
 
2011-09-02
 
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