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EL NUEVO MODO
Economía transicional (V)
Santiago José Guevara*
El diseño conceptual de una transición democrática. Plantearlo así –formular una transición democrática a partir de un diseño conceptual- es una innovación. Es sujetar direccionalmente la acción de gobierno, en un lapso crítico, a unos exigentes criterios de éxito específicos, y no convencionales u orientados por ideologías o intereses especiales.

No se trata, entonces, de cualquier criterio; no es un tema de convenciones o arbitrariedades. El manejo rígido, obligado, azaroso o manipulado, no sólo no ayuda, sino que puede ser causa de fracaso: inmediato o rezagado, pero cierto. Los riesgos y costos del fracaso son altos. En una transición democrática no hay otra opción que triunfar.

El tema fue expuesto en nuestro libro de hace menos de dos años. Fue usado también para nuestra asesoría al precandidato Arria, en las pasadas primarias de Unidad Democrática, y sigue presidiendo y precediendo nuestros desarrollos relativos a ese lapso de la larga transición a la democracia, en sentido Rustowniano.

Sus precondiciones son el mayor nivel y calidad de la unidad nacional, la preocupación por la gobernabilidad y el reconocimiento del período especial a transitar. Todo ello, anticipado. No entiendo cómo cuesta tanto aceptarlo. El programa para la transición forma parte de los insumos para alimentar las decisiones a partir de la toma del poder programa político, pero también para la lucha previa contra el totalitarismo.

Los atributos del diseño son tres: superación de las condiciones enfrentadas, adecuación a las exigencias del lapso y realización progresiva del programa de largo plazo. Las acechanzas, peligros, riesgos, costos y problemas serán el signo de las condiciones. La permanente y prolija viabilización de los retos de gobierno, de las exigencias. Y el exigentemente direccionado sentido de visión, para el programa de largo aliento. Mezcla difícil, pero ineludible.

Las características del diseño-implantación deben diferenciar entre adecuación y realización. Lo primero, generalmente no se percibe y no se contempla. Se cree en el espejismo de enfrentar una gestión ordinaria. El programa es un aproximado a un ajuste estructural, sin premuras y con gerencia de los costos de todo tipo. Tenemos planteamientos para incluso generar beneficios inusuales. Debe ser validado y publicitado, sin demora y refinamientos. “Es un recurso excepcional y por tanto, debe ser expedito”. Lo anterior no significa que no deba organizar sus prioridades y prelaciones. Es un simple tema de planificación operacional. Finalmente, por su naturaleza transicional, “debe entenderse en su doble atributo de garantía de supervivencia y logro de la mejor adecuación posible”.

Esa planificación en el nivel de las agendas y los cronogramas debe ser el resultado técnico del diseño conceptual. Nuestro libro muestra un ejercicio “naïf” de planificación operacional. La realidad es mucho más que eso. Hay una “ingeniería” política y de gestión de Estado y de gobierno por manejar en cada caso concreto. El interés por esa alquimia lo detectamos en voceros e instancias de los distintos ámbitos de dirección de la campaña opositora venezolana.

Pero, qué pasa hoy en Venezuela.
Sin embargo, el candidato y su equipo no asumen aún, o asumirán otro escenario, respecto a la condición transicional de su eventual gobierno. Afirmar como lo hace su jefe de campaña, que “existen los mecanismos institucionales para actuar” y “Cuando se cuenten los votos a favor de Henrique Capriles se le estará dando un claro mandato a las instituciones” es no entender o aceptar que una transición democrática es, antes que nada, refundación y no aval al statu quo institucional.

Ya hemos referido en la anterior serie que los escenarios relativos a una eventual transición democrática los hemos formulado para la Fundación Venezuela Positiva, en obra colectiva próxima a publicarse. El mensaje oculto en el corto ensayo es que nada hace obligante la asunción de una transición democrática en Venezuela. Decíamos que “La prospectiva política nacional no es forzosamente buena. Hay efectos inerciales y carencias en la elaboración política. Están vivos aún los agentes y el imaginario del ciclo democrático regresivo reciente y, dígase lo que se diga, no hay ni un modelo dinámico de nuestra democracia ni agentes motivados para ello”.

Voy a terminar con algo muy original: “Amanecerá y veremos”. La historia documentada de muchos países, durante muchos años, sobre procesos transicionales, nos indica el camino sensato. La burbuja de renta petrolera es el “cuerpo del pecado”. La sensatez y la tentación en una nueva puja. ¿Hemos aprendido?
 
2012-07-13
 
 
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