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EL NUEVO MODO
Economía transicional (VIII)
Santiago José Guevara García*
Cable a tierra. Recibo amables mensajes de algunos voceros de la política e intelectualidad venezolanas. Sucede que mientras avanzo esta serie, no es observable en la campaña opositora de Venezuela un progreso claro en la discusión de los tres grandes puntos de apoyo de todo programa estratégico: 1) en cuál situación, analíticamente definida, me encuentro; 2) a cuál foco prospectivo preciso, a plazo determinado, me dirijo; y 3) cuál estrategia, diversa y periodizada se propugna. Esa es la realidad visible, la dominante, la institucional.

Por otro lado, diversos voceros políticos: precandidatos, aspirantes iniciales, columnistas calificados, centros de políticas públicas, universidades y la Fundación “Venezuela en Transición”, pujan, de diversas maneras, por la explicitación de una línea de acción que asuma, de la manera más sintética posible, el componente prospectivo y estratégico de la campaña. Para precisar, un tema que concita un acuerdo evidente de todos esos voceros es el interés por la deliberación sobre el tema de la transición democrática.

¿En cuál situación dejaría Chávez la economía nacional, sus instituciones y sus relaciones, en caso de derrota? ¿Qué esperar política, social y económicamente en los primeros días y meses de un eventual nuevo gobierno y cuáles requerimientos impone a lo económico? ¿Cuáles restricciones y problemas plantean esas situaciones a la gobernabilidad y al ideario democrático? ¿Cómo afectan el programa de gobierno? ¿Cuáles pérdidas y dispersión estratégica introducen en el necesario –aunque desconocido- proyecto de consolidación de la democracia y progreso económico sostenido?

No son cualesquiera preguntas. No tienen respuesta fácil, excepto una. Asumir de manera rigurosa un proceso de transición democrática en los próximos cinco años, dentro del largo proceso de transición a la consolidación democrática plena.

Tenemos aproximaciones y elaboraciones a ese proceso, entendido como asunto de alto gobierno. En lo macroeconómico propugnamos, en un plazo a calcular con base en la respuesta asertiva a algunas de las preguntas anteriores, la asunción (reasunción, realmente), con las actualizaciones necesarias, de todas las reglas fiscales y monetarias firmes, reconocidas en el estado del arte de las políticas económicas. Eso quiere decir, reglas institucionales firmes respecto a ingresos, gastos, deuda, transferencias, ahorros, autoridad monetaria, etc.

Orlando Ochoa, por mencionar a un colega nacional, con quien no tengo relación personal, tiene mucho que aportar al respecto. Tengo algunos temas, sobre los cuales elaboro algunas propuestas nuevas. Hay que extender el análisis a otras áreas de la política económica, como la política comercial (o mejor, de relaciones económicas internacionales), la llamada política laboral y de ingresos, la política social, la política industrial y otras políticas sectoriales. Hay que forzar la formulación profesional de las áreas o situaciones que propician o requieren instrumentos automáticos, en vez de discrecionales. Hay un largo, novedoso y exigente trabajo por hacer.

La convicción central debe ser que no hay opción, si se respeta el interés nacional general, al recurso de instituciones económicas firmes y el uso apropiado de los dispositivos de política económica más ligados a ellas. Lo voy a decir con fuerza: el mundo fácil y conveniente, a políticos banales, de la discrecionalidad, debe ser sofocado. Hay una reingeniería posible para ello.

Muchos tienen la convicción de que el daño económico acumulado del castro-chavismo, a fines de este año, es muy superior a cualquier referencia oficial. Mucho de ese daño es irrecuperable. Las expectativas, no políticas, sino de la violencia, son de medias a altas. Hay un claro riesgo de perturbaciones, a monitorear con recursos apropiados, que no está siendo precisamente considerado. Y hay un preocupante vacío respecto a la relación entre la transición democrática y el largo plazo, que se concreta, en la inexistencia de un modelo dinámico que exprese la manera como se conciben la transformación de la democracia y la economía venezolanas, de modo de mejorar sostenidamente el estándar de vida interno y la posición económica internacional.

Una transición que medre, sólo se vea el ombligo y no trascienda; que no cambie, transforme, refunde, introduzca firmeza institucional y comodidad política, etc., ni siquiera puede ser definida como tal. Es cambiar de lo malo a lo incierto.

Es asunto de responsabilidad introducir en la campaña el tema de la transición democrática y la consolidación asociada. Es hora de la estrategia para ello. Es un cable a tierra. Sin negar sus aristas problemáticas; sin embargo, permite demostrar capacidad y dominio en el arte del buen gobierno. Es hora de asumir el reto de discutirlo abiertamente.

* Santiago José Guevara García
(Valencia, Venezuela)
sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1
 
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