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EL CAFÉ DE LAS ARTES Argentina

"Con mis dibujos intento alimentar la esperanza de que alguna vez haya felicidad. Hago humor para no llorar"

Mordillo cumple 85 años haciendo reír para no llorar
Juan Garff y Cecilia Caminos (dpa) / 03-08-2017

Las narices grandes, los simpáticos animales y una paleta colorida identifican el humor gráfico del dibujante argentino Guillermo Mordillo, que cumple 85 años con el objetivo más firme que nunca de hacer reír para no sufrir.

"Con mis dibujos intento alimentar la esperanza de que alguna vez haya felicidad. Hago humor para no llorar", confiesa el artista.

El ataque terrorista en 2015 a la revista satírica francesa "Charlie Hebdo" marcó para él "un antes y un después". "Hay países donde el humor es un arma, estamos viviendo otra época. Pero no solamente en el humor gráfico, en muchas materias, el mundo está cambiando y no sé si para mejor", subraya Mordillo en una entrevista con dpa.

El dibujante nació el 4 de agosto de 1932 en Buenos Aires. A los 23 años recibió una invitación para ir a Perú y dejó Argentina pensando en estar fuera un año, que se convirtieron ya en 62. Nunca volvió a residir en su patria, que visita cada año. Desde entonces vivió en Lima, París, Mallorca, Ginebra, Zúrich y hoy reparte sus días entre Mallorca y Mónaco.

Su humor mudo dio la vuelta al mundo y lo convirtió en una de las máximas personalidades del humor gráfico internacional. Las múltiples interpretaciones que pueden darse a sus viñetas le permitieron llegar a públicos tan disímiles como el alemán, el chino y el japonés. Y las narices gordas le permitieron armar personajes "que no fuesen ni muy masculinos ni muy femeninos".

Mordillo asegura que en su obra hay mucha influencia del burlesco del cine mudo, Buster Keaton y Charles Chaplin.

"Mis personajes son pequeños Buster Keaton porque no sonríen nunca, no hablan nunca, son impasibles. Son muy Buster Keaton mis personajes. No lo busqué, me salió así, lo descubrí prácticamente después de hacer lo que hice. Cuando el humor es silencioso se coincide en algunas cosas", reflexiona.

La primera clave de sus dibujos es el color y la segunda, buscar qué quiere decir, sin palabras. "Y a veces hay varias interpretaciones de un mismo dibujo", afirma, con pruebas.

"Hay un dibujo mío que posiblemente sea uno de los más publicados en el mundo. Es una urbanización en la que todas las casitas son iguales y hay un señor que pinta su casita de un color distinto y se lo llevan preso. O sea que es un alegato contra el totalitarismo. Y ese dibujo me lo han publicado en China, es tapa de libro en China, un dibujo que es un alegato contra el totalitarismo. Lo que pasa es que los chinos lo interpretan de otra manera: ellos piensan que ese señor que pinta su casa de color distinto, que se joda por pintar distinto", relata.

Para Mordillo, hacer reír sin palabras no es sencillo. "Las cosas mías son sin palabras, entonces es más fácil publicar. Más fácil, pero más difícil de entender. La gente está acostumbrada a leer los chistes, además, a que los personajes tengan nombre. Y yo me olvidé de ponerles un nombre a mis personajes", confiesa.

Su obra fue expuesta en los últimos años en Alemania, Austria y Suiza. Mordillo, que mantiene en su poder casi todos los originales que dibuja a mano como en sus inicios, integra además la comisión directiva del Museo del Humor de Buenos Aires junto a grandes ilustradores y humoristas gráficos como Quino y Sábat. El museo cuenta con un tesoro de 30 obras de Mordillo, que ya expuso en dos oportunidades.

A los 85 años, apenas 15 días más joven que su colega argentino y padre de "Mafalda" Quino, Mordillo sigue tan activo como siempre. Se levanta a las seis de la mañana y dibuja diez horas por día. "El silencio de la madrugada es lo mejor para la concentración y el trabajo", asegura.

"Soy una máquina", afirma el dibujante, orgulloso de un apellido que nació en Extremadura y le da un toque "mordaz" especial para su oficio.

Lejos de pensar en retirarse, avanza con el proyecto del largometraje "Crazy Island, inspired by Mordillo" y una serie de televisión, a cargo de una productora europea.

"La producción quiere que los personajes del largometraje hablen, incluso mi jirafa. Para mí es una curiosidad, más bien quiero saber qué va a pasar con eso", advierte. Por suerte, para él, la serie de televisión va a ser muda.