|
Martes,
12 de diciembre de 2000
Foxmanía
vs Marcosmanía
Por
Ander Estrada
(México
DF)
Vicente Fox cumple sus primeros 100 días de gobierno
(el 10 de marzo) disfrutando aún de los sabrosos intereses que le
dejó el privilegio de ser el primer Presidente de México por votación
popular limpia, en los últimos 71 años. Esa condición y una presencia
permanente hasta el cansancio en los medios de comunicación, como
si estuviera todavía en campaña electoral, le mantienen con unos
índices de popularidad superiores al 60%. Los 100 primeros días
de Ernesto Zedillo fueron un infierno (devaluación incluida). No
así para Fox a pesar los tropiezos políticos, la inexperiencia,
el histrionismo, su propio partido y los vicios de una Administración
priista creada bajo el sistema de partido único.
Y en esto llegó Marcos. El mayor y más peligroso
adversario del siempre sorprendente Vicente Fox Quezada le ha salido
de la Selva Lacandona. Después de siete años de acoso militar y
paramilitar (la matanza de Acteal, el 22 de diciembre de 1997, se
saldó con 45 indígenas masacrados), de acusaciones falsas y mentiras
del Gobierno, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)
adquiere fuerza en todo el país de la mano de su líder militar-intelectual,
el subcomandante Marcos.
El EZLN no ha pegado un solo tiro en siete años
(salvo los 10 primeros días del alzamiento armado) pero gracias
a Internet ha encontrado su mejor arma: el apoyo social internacional
a las justas demandas de los indígenas mexicanos, el 10% de la población.
Al frente del movimiento zapatista, un valor en alza en el desolado
panorama de la izquierda mexicana, se sitúa Marcos, un mestizo encapuchado
de pluma ágil y culta que ya es un icono viviente y comparte camisetas
con el "Che".
Fox versus Marcos. Foxmanía vs Marcosmanía.
Afortunadamente el conflicto de Chiapas, lejos de solucionarse,
se dirime en los medios de comunicación y no en el campo de batalla.
Los zapatistas recorren en una marcha por la dignidad indígena todo
el país sumando apoyos a su causa: la aprobación de la Ley de Derechos
y Cultura Indígena. Fox no sólo no se ha opuesto a la marcha insurgente
sino que la ha apoyado con tanto entusiasmo como si fuera suya.
El presidente está creando unas grandísimas expectativas de paz
(la da por hecha), bien por verdadera convicción, bien para culpar
a los zapatistas si el diálogo de paz no prospera.
En este momento, Fox y Marcos intentan acumular
el mayor capital social posible para tener la mejor posición cuando
llegue la hora de sentarse a negociar, que se espera sea pronto.
Ambos, el Gobierno y el EZLN, tienen la oportunidad histórica (los
gachupines la desaprovechamos) de hacer de México un país democrático
y justo, pero para todos. Órale, pues.
|