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Viernes, 16 de marzo
de 2001
Cubanas
de Cuba
Por
Aurelio Pedroso (La Habana)
Las
cubanas de Cuba son las que tenemos aquí en la Isla. Porque cubanas
hay hasta en Alaska o Australia. Algunas en compañía de sus esposos
paisanos y otras conformando esas peculiares y casi siempre imprevisibles
"empresas mixtas" con españoles, italianos, alemanes, mexicanos...
Vamos, bajo las banderas de toda la comunidad de la ONU. A las de
aquí, se les brindó el homenaje el pasado 8 de marzo. En sentido
general, una buena comida en los respectivos centros laborales acompañada
de una flor. El Día Internacional de la Mujer. Y basta una miradilla
a los alrededores insulares para comprender que mucho se les ha
dado y mucho de igual manera han tenido que dar.
Hoy por hoy, las mujeres priman en las universidades o en cargos
políticos y administrativos. La revolución fomentada por Fidel Castro
borró a principios de 1959 aquella categoría de "ama de casa" y
si ésta ha vuelto a reaparacer es consecuencia de otras razones,
paradójicamente económicas. Que a nadie le quepan dudas, si el socialismo
europeo hubiese vivido una década más, de seguro también contaríamos
con una mulatita conocida por María Regla la cosmonauta.
Saben mucho nuestras mujeres. Desde dirigir un ministerio estratégico
para el futuro del país, regir una central azucarera, entrar un
buque a puerto, hasta devenir verdaderas magas de la cocina diaria.
Y he aquí uno de sus problemas fundamentales: qué hacer hoy de cena
para la familia. Por fortuna, ya han pasado aquellos tiempos de
crisis profunda en que la corteza de una toronja (bayeta) era convertida
en un suculento bistec, o el gofio (bola de harina gruesa de maíz,
agua y azúcar) transformado en un picadillo dominical para
chuparse los dedos.
Tales años fueron una verdadera escuela de aprendizaje ante las
dificultades en el vestir, el calzar, el aseo, el mantenimiento
del hogar y, por supuesto, en su presencia estética. Porque contra
vientos y mareas de cualquier naturaleza, la mujer cubana ha logrado
mantener su limpieza, belleza y gracia personal. En un día como
el de la Mujer nos sentimos orgullosos de estas nuestras compañeras
en las buenas y en las malas porque además, tienen casi todas la
virtud de sabernos perdonar a nosotros los hombres las impericias
del hogar y otras también extrahogareñas...
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