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Viernes, 23 de marzo de 2001

Dios vive en Miami

Por Aurelio Pedroso
(La Habana)

Y no tuvo que venir el Santo Padre a La Habana para que aumentara la fe en la religión católica. No señor. Todo lo contrario. Tuvo la gente que largarse por el motivo que fuese a Miami para entonces abrazar el catolicismo de modo tan apasionado como alarmante. Personas ateas de toda una vida escriben una carta a la familia de la isla y... sorpresa. Si Dios no aparece siete veces en la misiva es poco. Vaya, que hasta en la posdata.

Si algo debe respetársele al ser humano es profesar la religión que desee. Pero cambiar de pensamiento de la noche a la mañana es harina de otro costal, aunque a ciencia cierta los hay que lo hacen en política y no pasa nada. Y no hay mucha diferencia entre la devoción cristiana y la política. Lo de Miami es algo serio. Digno para investigarse bien a fondo.

Conozco cubanos que se han marchado a Ecuador, Venezuela, Guatemala, Europa y siguen pensando igual. Ateos hasta la médula. Tengo un amigo que cada vez que logra hablar con su hermano residente en Florida no puede intercambiar ni una palabra con la sobrina del alma. Una perfecta cubanita casi de veinticinco años que vive y morirá, tal vez, en la iglesia de continuar por ese camino. Parece que como nunca lo hacía en Cuba por preferir otros sitios más divertidos, alguien le ha impuesto penitencia.

Y ojo con los que vienen de visita. Algunos con el cuello soportando cualquier cantidad de cadenas y medallas con cuanto santo o virgen se encuentren registrados en Roma. Un peso sobre las cervicales duro de resistir. Pero la presunción es eso, presumir. Muchas las regalan a los parientes; otras, no: son las alquiladas. Porque en Miami hasta la fe se alquila. Por tanto, resulta comercial.

Si alguna vez por casualidad, la religión sale a bolsa, será en "Mayami, Flórida". Devotos no faltarán. Como tampoco podrá resultar improbable que uno indague por la tía abuela y le digan que la han llevado a la peluquería a pintarse el pelo porque el sábado hace su primera comunión. Bueno es lo bueno y no lo demasiado, como decía mi abuela que sí era católica. Y que Dios me perdone, pero a veces tengo la impresión de que él reside en algún condominio miamense con un servicio de atención-tensión las 24 horas del día...

Edita Asesores de Publicaciones S.L.