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Viernes, 1 de Junio de 2001

 

DESDE EL MALECON CON...

¿Cine o realidad?

Por Aurelio Pedroso
(La Habana)

En Cuba, el día a día es completamente cinematográfico. Pero también el denominado séptimo arte en la isla es en buena medida el día a día. Y eso es excelente. Con el pasar de los años, cuando los historiadores hagan su faena, habrá que en lugar de sumergirse en una biblioteca a tiempo completo, alternar e ir a una cinemateca en sesiones de cuatro horas a ver unos cuantos filmes.

En las salas de la Habana una imprescindible historia de estos tiempos. El mejor director vivo (Humberto Solás) ha llevado ya a muchos miles de espectadores a llorar y reir con la cinta "Miel para Ochún". Y primero a llorar, que es lo que más hace la gente si está algo pasadita de años. Basta exceder los cuarenta. Porque siendo niños, muchos de ellos vieron-vivieron cómo se desintegraba la familia, tan sagrada como el pan en la mesa. Y luego, de grandecitos asistieron a una segunda versión de esa hecatombe familiar: un padre o madre que se largaba, el hermano que se iba, un hijo, una hija que se casaba con un tailandés... hasta la abuela, que parecía iba a morir contemplando la foto del abuelo tocando la flauta en la banda municipal.

"Miel para Ochún", con tres actores de la categoría del conocido Jorge Perugorría, Isabel Santos y un espectacular Mario Limonta es una auténtica tragicomedia de factura completamente cubana sin ninguna influencia foránea ni en el modo de contar las cosas. Un hijo, arrancado a su madre por un padre mentiroso se lo lleva a Miami. Treinta años después, hecho y derecho, viene a la isla al reencuentro de su progenitora. Y aquí, como en pocos países del mundo, la gente se ríe de las desgracias, de las que ve en el cine o en la propia calle. Pero al mismo tiempo es solidaria, que lo cortés no quita lo valiente. O como dice un amigo, "que se puede ser tonto y vivir en Matanzas".

Así somos, que de velorios pasamos del pésame a comernos con la vista a la sobrina de la difunta o contar entre amigos el chiste más caliente de la semana. A propósito, ayer fue un amigo a la funeraria y regresó a casa con una lata del atún español Bogar. En la tienda vale nueve dólares. En el "funeral home" se la pusieron en mano a cuatro. Esto, amigos, bien puede ser cine, literatura, ficción, pero ante todo, realidad. Un filme que mi amigo Javier Angulo le daría no menos de cuatro estrellas.

Edita Asesores de Publicaciones S.L.