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6 de julio de 2001 DESDE
EL MALECON CON...
El "Día después" de Castro Por
Aurelio Pedroso (La Habana) El
desmayo de Fidel Castro ha vuelto a destapar la interrogante "del Día después".
Las opiniones y predicciones que tal suceso ha generado constituyen un auténtico
ramillete donde hay para tomar o para llevar, como frecuentemente se dice por
las calles habaneras. Y de igual modo, también para desechar habida cuenta
de algunas conjeturas por demás risibles. Son esas que pretenden "tropicalizar"
la conmoción que sufrió Europa oriental cuando a la antigua URSS
le dio la catalepsia. En
primer término, la reacción en la isla ha sido de preocupación. Desde la Cuba
del 1959, en que Castro entró a La Habana con su triunfante Ejército Rebelde,
que junto a otras fuerzas había logrado derrocar la dictadura de Fulgencio Batista,
el cubano se ha acostumbrado a que sólo Fidel y nadie más que Fidel es el hombre
a escuchar, entender, comprender y obedecer. Por tanto, una vez desaparecido el
"guía" sería muy difícil encontrar un sucesor con iguales características. Esto
se sabe y se siente. La
ausencia dejará un vacío insustituible, con ventajas y desventajas, para partidarios
y no partidarios del ideal fidelista. Fuera del país muchos observadores y cubanólogos
están viendo el "principio del fin". Como quiera que se pretenda analizar, su
sucesor (ya designado mucho antes de la lipotimia) y que no es otro que su hermano
Raúl, el número dos, será el encargado de proseguir el camino de tan peculiar
socialismo. El
"día después" será crucial en los destinos de la isla. Con un mundo tan cambiante,
no podrá quedar escrito de puño y letra lo que deberá hacerse. La vida será tan
rica y variable que quienes lleven de manera colegiada las riendas de la nación
deberán, con nuevos e inesperados ingredientes, hacer cumplir una sentencia estratégica:
salvar los logros de la Revolución y seguir adelante. Otra cosa no deberá esperarse,
por lo menos en los próximos diez años de la muerte de Fidel Castro.
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