| Viernes,
20 de Julio de 2001 DESDE
EL MALECON CON...
Carnavales a oscuras Por
Aurelio Pedroso (La Habana) Acaba
de comenzar el gran carnaval de La Habana . La gran fiesta de la ciudad. Un Malecón
de casi siete kilómetros de extensión, inundado ahora en sus tramos más importantes
de toda una suerte de carpas, construcciones típicas rústicas a base de guano
de palmeras y chiringuitos de cualquier naturaleza para el expendio de cervezas,
rones y comidas ligeras. Es
la gran oportunidad para que una buena parte de la población, en una increíble
avalancha humana, descienda a pie desde las profundidades de la urbe para disfrutar
de la música en vivo, grabada o aquella que nace desde sus gargantas cuando la
cerveza o el ron comienza a causar esos efectos de alegría sin límites. El
Malecón está de fiesta para desgracia de los conductores no simpatizantes de los
festejos. Es la única vía cuasi rápida para moverse por la ciudad y habida cuenta
de que es cerrada para evitar accidentes, las zonas alternativas no dan abasto
para la circulación y esto trae por consecuencia los conocidos "tranques" (embotellamientos
o atascos). Motivos
hay para que este año la gente de la capital decida acercarse a tomar la brisa
del mar y algo más. En los últimos meses la ciudad se ha visto "emboscada" por
frecuentes cortes de luz en ocasiones hasta de tres veces en el día. Muchos de
ellos sin previo aviso y algunos tan momentáneos (de segundos prácticamente) que
son suficientes como para mandar al más allá la nevera o el televisor sin muchas
esperanzas de renovación o demanda a la empresa fabricante. Y
hay que ver cómo se pone la casa cuando en la noche, con el calor del verano,
de las aspas del ventilador brota la maldita sentencia de que "hasta aquí llegué,
caballeros". Por tanto, ir de familia, de amigos o simplemente sólo al
muro del Malecón estará más que indicado porque, entre otros motivos, estas fiestas
son las más tranquilas-intranquilas del mundo. Intranquilas porque la gente se
pasa toda la noche y madrugada bailando a veces al compás de dos orquestas, y
tranquilas porque no son estas celebraciones como en otros sitios del área caribeña
y sudamericana, motivo ideal para un pase o ajuste de cuentas. No bien alguien
levante la mano con intención de bajar una bofetada, tendrá a su lado a un policía
(que son bastantes) dispuesto a bajársela y enviarlo al "apacible" descanso en
la comisaría. Y
aunque resulte paradójico, en muchos hogares habaneros retumbará, al compás de
un son, esa sentencia que denota salida a la calle: "Apaga y vamos". Al carnaval,
obviamente.
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