| Viernes,
5 de octubre de 2001 DESDE
EL MALECON CON...
Tren rápido a Santiago de Cuba Por
Aurelio Pedroso (La Habana) Ya
tenemos un tren rápido Habana-Santiago de Cuba. Era hora. El anterior constituía
una auténtica aventura primero en su hora de salida y luego por lo que pudiera
acontecer por el camino de casi 1.000 km. Los turistas extranjeros que se aventuraran
a embarcarse en él debían estar prestos para salir teóricamente a las siete, estar
preparados para soportar temperaturas glaciales en el vagón destinado a ellos
y disponer de algún conocimiento yoga capaz de proveerle de la necesaria paciencia
para arribar a Santiago en algún momento de esta corta vida. Sólo
verdaderos audaces y aquellos que aún les corre por vena sangre ferroviaria eran
quienes recurrían a esa vía. Entre ellos, un pionero digno de mencionar. Mi amigo
español Javier, de idéntica pasión por los trenes como por Santiago de Cuba. Si
la empresa ferroviaria cubana lo hubiera registrado en sus tantas travesías, de
seguro hubiera resultado un invitado de honor. En
fin, que ha llegado lo bueno, lo casi nuevo y lo rápido. Se trata de una formación
adquirida de segunda mano en Francia y compuesta por doce coches con capacidad
total de 591 pasajeros. De precios para los nacionales no está nada mal. En categoría
primera especial, 60 pesos cubanos (algo más de tres euros), mientras que
sólo en especial, nada más que 50. Ahora
bien, el reto de que el negocio no se a vaya a pique es de soberanas proporciones.
Más de una hora de retraso en llegar y la devolución íntegra del pasaje será inmediata.
Habrá que observar y seguir el derrotero de este nuevo empeño de los ferrocarriles
cubanos. A ver si al final (o por el medio será mejor) una de esas vacas que deambulan
libremente por las vías ferroviarias o algún problemilla burocrático-administrativo
le hacen desenvolsar a la empresa unos 30.000 pesos (1.635 euros) en cada viaje.
De todas formas,
los siquiátras cubanos de hoy siempre aconsejan pensar en positivo. Y habrá que
hacerlo para con ello aspirar al reverdecer de la histórica y bien ganada fama
de los ferrocarriles cubanos. Siempre pongo como ejemplo que desde la finca de
mis abuelos en Remate Ariosa, Villa Clara, se podía viajar directamente a La Habana.
Hoy día, ni por carretera, ni camino vecinal se puede acceder a ella. Lo
mejor de todo es que hay mucha seriedad en el asunto de este nuevo tren rápido
especial. Sacar pasaje y poner ojos y corazón en Santiago de Cuba debe ser lo
primero para ver qué pasará. |