| Viernes,
19 de octubre de 2001 DESDE
EL MALECON CON...
Los espías rusos se van de Cuba Por
Aurelio Pedroso (La Habana) Por
obra y gracia del presidente ruso Vladimir Putin, a la lista de recuerdos rusos
en la isla habrá que agregar ahora el centro de espionaje electrónico o "base
de Lourdes", como se le conoce. De
golpe y porrazo, sin muchas consultas, el número uno ruso ha dispuesto el cierre
inmediato de esa instalación militar que desde Cuba escuchaba día y noche una
buena parte de lo que el gran imperio conversaba y, de paso, algún que otro móvil
en Ciudad de La Habana. Información que, como "buenos hermanos", se compartía
entre los servicios especiales de Rusia y Cuba. "La
han vuelto a cagar los rusos", ha sido la primera repercusión entre la gente de
a pie. Esto, por no mencionar el evidente cabreo que con toda seguridad tiene
el presidente Fidel Castro al conocer que desde Moscú, Putin había decidido poner
punto final a la base e ir al encuentro de este fin de semana con el presidente
Bush en Shangai con el "especial obsequio" de la base desmantelada. Ya
pasó una vez y a Castro no hay quien se lo recuerde. Fue cuando la Crisis de los
Misiles. Soviéticos y gringos dejaron a Cuba fuera de la mesa de negociaciones
con el resultado final de la retirada de los cohetes nucleares de tierras cubanas
a cambio de otro tanto con los cohetes gringos que desde Turquía apuntaban a la
extinta URSS.
Ahora la historia es similar. Un emisario ruso a La Habana, conversaciones al
más alto nivel y al final un desacuerdo. Una petición cubana de reconsiderar que
el momento no era el más adecuadado habida cuenta de la amenaza norteamericana
siempre presente contra la isla. Más ahora, que a cualquier país de este universo
le aparcan un portaaviones en el traspatio de casa y a la peor hora comienza el
festín de los misiles. Ha
molestado la determinación de Putin. Sólo unos meses atrás, cuando de la mano
de Castro visitó el centro de espionaje en diciembre de 2000, éste le había asegurado
al comandante la necesidad de proseguir escuchando al enemigo así como la conveniencia
de repasar la tecnología. Pero
Putin, como decimos por acá, cambio de palo para rumba. La nota oficial cubana
deja por sentado que a pesar del incumplimiento del contrato por cuenta rusa (unos
200 millones dólares/221 millones de euros anuales por concepto de arrendamiento),
el acuerdo no está cancelado "ya que Cuba no ha dado su aprobación". Habrá
que continuar negociando, que los rusos "tienen fama de buenos ajedrecistas y
no ignoraban que podían buscarse cien variantes" ¿Vendrá esa variante que satisfaga
a las tres partes? Lo único que falta es que también decidan retirar el monumento
al Soldado Internacionalista Soviético, pero tal cosa es poco probable dada la
carestía del flete. En
términos ajedrecísticos tal parece que la partida ha sido sellada indefinidamente
por voluntad de una de las partes. Es como si en el momento de mayor tensión del
juego, el Rey, la Reina y algunas piezas de alta confianza se fueran todas encima
del par de caballos a dar un paseo por otros escenarios. En
Cuba, finaliza la nota, no hay ni pánico ni temor por tal movida. Eso sí, cabreo
en cualesquiera cantidades.
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