| Jueves,
8 de noviembre de 2001 DESDE
EL MALECON CON...
Un virus nativo Por
Aurelio Pedroso (La Habana) No
será el famoso ántrax, pero éste se las trae. Y que se horrorice el que quiera.
Pero antes (no aquel antes en que uno iba a cortarse el cabello y terminaba sacándose
una muela) los médicos eran más certeros en los diagnósticos. En
los últimos tiempos en la isla uno acude al galeno con cualquier síntoma raro
y el profesional de la salud no tarda cinco segundos en informarle que se trata
de una "virosis". Como pocas veces, este padecimiento logra reunir en sí dolencias
colegiadas de varios males, y lo mismo toca a la puerta de un niño que a la de
un anciano. En
Cuba, como casi todo debe repartirse, pues el virus entra al hogar para "pasarle
cuenta" a cada inquilino. Es una gripe reforzada que llega a provocar hasta una
suerte de picazón cercana a la sarna. De los huesos ni hablar. Todos a doler.
Vómitos, diarreas, mareos, dolores de cabeza, estados febriles de competencia,
inapetencia para todo, hasta para ciertos deberes por lo general nocturnos y en
casa. Francamente
uno piensa que se va a morir. Un simple vaso de agua le sabe a muerte por ese
nauseabundo sabor que queda en las papilas. Cuando se cree que ya está mejorando
y comienza a hacer planes, sobreviene una diarrea espectacular, el escozor y al
rato la fiebre. El enfermo, entonces, no sabe dónde ponerse la mano. Otra vez
para atrás. Y así, pues pueden transcurrir 15 días. Mucho
líquido (agua, que es lo abundante) y nada de aspirinas, sino paracetamol o comparsa.
Lo curioso: es nacionalista. Sólo los cubanos la padecemos. Ningún extranjero
residente lo ha padecido. Con par de estornudos comienza el espectáculo. Salvo
los días de fiebre, no hay otra alternativa que cumplir con los deberes, echarnos
de compañera inseparable la tal "virosis" y seguir "pa'lante". No
hay tiempo para perder el tiempo. Inapetencia para todo, hasta para ciertos deberes
por lo general nocturnos y en casa |