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Jueves,
16 de noviembre de 2001
AMERICA
TAMBIEN EXISTE MORDIDA
Por
Ander Estrada (México DF)
En las facultades de periodismo el primer ejemplo de noticia que se pone a los
estudiantes es el del hombre que muerde al perro. Eso es noticia y no que el perro
muerda al hombre. En México, la noticia es que el policía muerde al hombre. La
clásica mordida es tan mexicana como Zapata, Villa, los clavadistas de Acapulco
o los charros. Pasar por México y no sufrir una mordida es no conocer el país.
Forma parte del sistema, del engranaje, del funcionamiento interno de la sociedad.
Todos los intentos por terminar con esta variante de corrupción han fracasado.
El Presidente Vicente Fox, esperanza de cambio, no ha podido con esta larga tradición. Para
quienes desconozcan esta práctica les diremos que es el soborno que se paga para
evitar multas o conseguir mas rápidamente documentos oficiales. Te saltas un semáforo,
ahí están los agentes para pedir una compensación por la infracción si se quiere
evitar una multa o ir a comisaría. Obtener un certificado, un carné, un permiso
o una licencia es siempre más fácil si se paga al funcionario de turno, una amable
mordidita para acelerar los trámites o alterar las condiciones del documento en
cuestión. En el
primer caso con 20 pesos (2 dólares) se arregla, en el segundo la mordida puede
llegar a los 250.000 ( 25.000 dólares) si se quiere una licencia para uso de suelo.
Según la Encuesta Nacional de Corrupción y Buen Gobierno, realizada por la organización
Transparencia, en el último año se han registrado 214 millones (este país tiene
100 millones de habitantes) de actos de corrupción en el uso de servicios públicos.
Es decir, que todos los que vivimos en México hemos pagado al menos dos mordidas
este año. Personalmente he cumplido con mi cuota. Algunos datos de la encuesta
son realmente increíbles. Así, el monto total de lo que se paga en mordidas asciende
a 23 mil millones de pesos ( unos...............dólares). Esta cantidad representa
casi un 1% del PIB, mas de lo que se gasta el Estado en investigación científica
y tecnológica. En los hogares donde entra más de un salario mínimo, se
destina al año el 6,9% de los ingresos a mordidas. En fin, que se trata de un
magnífico negocio, exento de impuestos, con ganancias seguras y poco riesgo. De
vez en cuando, las cámaras de TV sorprenden in fraganti a algún policía en plena
faena. Los agentes mordedores, al verse sorprendidos, huyen tapándose la cara
en persecuciones kafkianas mientras los reporteros los rastrean, incluso desde
helicópteros. Ha habido casos maravillosos. Como el del motopatrullero que cedió
su Harley por 200 pesos a un amante de las motos para dar una vuelta, pero, eso
sí, sin poner la sirena. Lejos del falso romanticismo con que a veces se asume
la existencia de las mordidas, el fenómeno se presenta como una lacra para este
país. Pero el peso de la tradición es tal que quizás lo mejor sería regularizarla. Y
a fin de cuentas, prefiero que me muerda un policía antes que un perro.
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