Semanario
de información económica y financiera

Viernes, 14 de diciembre de 2001

 

AMERICA TAMBIEN EXISTE

Esperanza y realidad en Venezuela

Por Ander Estrada
(México DF)

 

Cuando se cumplen tres años de gobierno del presidente Hugo Chávez en Venezuela se puede concluir, por desgracia para los venezolanos, que al comandante ya no se le puede dar el beneficio de la duda. Su arrollador triunfo en 1998, con el 80% de aceptación popular, despertó enormes esperanzas especialmente entre ese 80% de población que vive en la pobreza.

La victoria de Chávez supuso el desmoronamiento de los partidos políticos que durante 40 años se alternaron en el poder y dilapidaron la riqueza del país. Es cierto que el histrionismo del nuevo presidente y su condición de exgolpista despertaban muchas dudas sobre su capacidad para gobernar y su convicción democrática. Los damnificados y la derecha internacional denunciaron la llegada de un nuevo caudillo, de un dictador, de un nuevo Fidel Castro.

Los visionarios no esperaron a las constancias empíricas y despreciando los millones de votos conseguidos por el chavismo emprendieron una guerra de desgaste contra la amenaza militar-comunista. Algunos preferimos en ese momento esperar y ver. No se trataba de simpatizar o no con el comandante, era cuestión de dar el beneficio de la duda a la esencia misma de la democracia, tantas veces violada en Venezuela. Ante este argumento, la vanguardia anti-Chávez reaccionaba recordando que Hitler también salió de las urnas. Sin caer en el fundamentalismo democrático, él que tenga una fórmula más perfecta que la exponga.

A lo que voy. El pasado lunes 10 de diciembre quedó de manifiesto que el presidente ya no tiene el aval popular que le llevó al Palacio de Miraflores. Y quedó también claro que lejos de rectificar su modo y manera de gobernar, Hugo Chávez se atrinchera en su discurso de amenazas. Con unas instituciones reformadas a su medida, ha optado por la confrontación directa. El presidente no deja títere con cabeza y ataca a sindicatos, empresarios, medios de comunicación, iglesia, partidos políticos... en fin, a todo aquel que no asuma sus planteamientos. El descontento ha llegado incluso a su propio génesis, las filas del ejército.

Y es que la pobreza y el desempleo siguen en aumento, la delincuencia no tiene freno y la corrupción lleva nuevo uniforme. Sin posibilidades de diálogo y concertación, no parece que la situación tienda a mejorar, todo lo contrario.

Mientras, los visionarios, los mismos que vieron en su bola de cristal al demonio, hacen suya ahora la voluntad popular que despreciaron hace tres años y levantan la bandera de la democracia que pisotearon.

A los demás no nos queda otra que esperar un nuevo triunfo de las urnas y que ustedes lo vean.


 

Edita Asesores de Publicaciones S.L.