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Lunes, 28 de enero de 2002

 

AMERICA TAMBIEN EXISTE

La maldición socialista, en México

Por Ander Estrada
(México DF)

 

El secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), José Luis Rodríguez Zapatero, ha roto la maldición que persigue a los dirigentes socialistas españoles en sus viajes a México. No me estoy refiriendo a la archifamosa "venganza de Moctezuna", eufemismo histórico que popularmente se utiliza para referirse a las zangarrianas que provoca a los visitantes el abuso de chiles picantes y el consumo de agua del grifo. No.Se trata de un mal de origen desconocido, de efectos letales y que llevó a la muerte política a sus predecesores.

Primero fue Joaquín Almunia . Llegó a México en Febrero del 98 y su visita se desmoronó cuando sin conocimiento de causa comparó a la guerrilla zapatista (un ejército virtual que no ha pegado un solo tiro en 8 años) con la banda terrorista ETA. Esta torpeza no le costó su cargo de forma inmediata pero puso en evidencia su debilidad política al dejarse seducir por la teoría del gobierno mexicano respecto a los rebeldes de la Selva Lacandona.

El segundo fue Joseph Borrell. Más sólido políticamente, llegó a este país un año más tarde afirmando que cualquiera que aspirara a ser Presidente de España tenía que pasar antes por México. Pasó pero se llevó la maldición a la península y al regresar a la patria le estalló en la cara un escándalo del pasado que le apartó del liderazgo socialista.

Zapatero ha tenido más suerte. Durante 4 jornadas de visita al DF y Guadalajara, el nuevo líder socialista ha demostrado una sorprendente habilidad para evitar el maleficio. Su estrategia ha sido simple. No entrar en polémicas, esquivar los asuntos espinosos (al menos en público), utilizar un lenguaje más diplomático que el del propio Piqué (que no es diplomático) y dejarse aconsejar por el socialista español que más sabe de México: Felipe González .

Lejos del paternalismo y la prepotencia que en ocasiones acompaña a Aznar por estas tierras, Zapatero ha dado muestras claras de coherencia política, compromiso intelectual y talla humana suficiente como para ser, algún día, Presidente. Aunque su moderación despierta en ocasiones interrogantes sobre su carisma, lo cierto es que no resulta fácil encontrar un político que ponga por delante su proyecto a su proyección con los riesgos que entraña para su éxito personal. Solo le falta renovar su vestuario, que algún corresponsal calificó de rebajas de los años 60 (traje negro con brillo cegador que dejaba al descubierto las muñecas y los tobillos).

Pero más allá de cuestiones de moda, Zapatero ha dejado a su paso por México un buen sabor de boca entre las autoridades locales, la colonia española en general y la socialista en particular. Y lo mejor de todo, ha roto la maldición de los socialistas españoles en México, aunque a algunos les provoque cagalera.

Edita Asesores de Publicaciones S.L.