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Viernes,
11 de Mayo de 2001
AMERICA
TAMBIEN EXISTE
Una
abuela millonaria 'venga' a los mexicanos
Por
Ander Estrada
(México DF)
Uno de los peores
recuerdos que tengo de la escuela es el anatocismo, aunque entonces
no sabía lo que era. Fui víctima de mi compañero de pupitre, al
que no identificaré para no someterle a la ignominia pública. Él
era el encargado de comprobar que yo, en mi casa, repetía dos veces
por cada falta de ortografía que cometía el dictado diario que,
en clase, recitaba el padre Wigberto. Si no cumplías el castigo
los dictados se multiplicaban por dos cada día. Aunque las faltas
no eran muchas, pronto me encontré con un numero imposible de dictados
que repetir y la amenaza de ser acusado al padre agustino. Eso es
anatocismo, el cobro de intereses sobre intereses. Juré venganza...
y por fin me siento satisfecho como millones de mexicanos.
Y todo gracias
a una anciana pensionista de 84 años que ha resarcido a las incontables
víctimas del anatocismo en este país. Doña Celia Reyes Lujano, Viuda
de Nieto, pasará a formar parte de las listas de personas más ricas
del mundo. En una sentencia histórica, la Justicia mexicana ha condenado
al Banco del Atlántico a pagar a Doña Celia 440.000 millones de
pesos (45.000 millones de dólares, ocho billones de pesetas) en
concepto de intereses. La cifra es superior a las reservas internacionales
de México y es tres veces más de lo que se piensa recaudar con el
nuevo IVA.
En 1988 la bendita
señora y su marido pactaron una inversión de sus ahorros a un tipo
de interés del 149%. Diez años después la ya entonces viuda
reclamó su dinero, a lo que el banco (en proceso de rescate por
el gobierno) se negó argumentando que la inversión ya estaba cancelada.
La Justicia ha resuelto finalmente que Doña Celia tiene derecho
a la fantástica suma.
Desde 1994 (devaluación
y crisis salvaje) millones de personas en este país se han arruinado
pagando a los bancos intereses infinitos. En aquel año de triste
recuerdo, la gente no pudo hacer frente, de la noche a la mañana,
a los créditos de sus casas, de sus coches o de sus negocios o las
deudas de las tarjetas de crédito. Fue un holocausto económico para
las familias mexicanas. Los bancos hicieron del anatocismo un potro
de tortura que llevó a muchos al suicidio.
Pero el que
a hierro mata, a hierro termina. Doña Celia le ha dado al banco
un poco de su propia medicina y tendrá que pagar intereses sobre
intereses. En un editorial del diario Reforma se leía que
ha sido “un acto de justicia poética sobre la abusiva intermediación
financiera”. Y es que la actuación de los bancos mexicanos ha sido
una vergüenza en los últimos años; no solo por su desviación anatocista
sino porque la mayoría han sido esquilmados por sus propietarios
multimillonarios (ninguno está en la cárcel) y sus quiebras han
sido absorbidas como deuda del Estado, o sea de todos los mexicanos.
De ahí que la
gesta de la abuelita alcance la categoría de histórica. La gente
ya no va a recuperar lo perdido pero la resolución del caso ha sido
un enorme y sabroso plato frío de venganza. En mi humilde caso,
asumo también la venganza de Doña Celia como víctima del anatocismo
y estoy seguro que aquel “pinche” compañero de pupitre se gana la
vida escribiendo “El Quijote” en una lenteja (con todo el respeto
para los artesanos del ramo). Y yo de periodista, escribiendo y
sin faltas... eh?
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