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Viernes,
25 de Mayo de 2001
DESDE
EL MALECON CON...
Negro
que no te quiero negro
Por
Aurelio Pedroso
(La Habana)
Cuba no puede
estar exenta de la regla. De esa regla algo sueca en que la gente
se suicida por no tener nada mejor que hacer. No señor, en la isla
hay historias como para escribir varios tomos de sucesos insólitos
en todos los órdenes. Resulta ser que pronto, casi con carácter
inminente tendremos una revuelta de negros. Vaya, como en los mejores
tiempos de la esclavitud o como aquellos de Sudáfrica en su momento
y ahora, a cada rato, en el mismo corazón del imperio norteamericano.
La noticia se
ha dado a conocer en Miami, en el diario El Nuevo Herald.
Proviene de un colega, al paracer gringo, que se hizo un viajecito
a la segunda capital de la isla, Santiago de Cuba, y ha advertido
y anunciado recios problemas de racismo en las instalaciones turísticas.
El mismo cuento que una vez le cargaron al español Clement Guitar
cuando con su grupo se hizo cargo de la gestión del hotel Habana
Libre, que el "gallego" como primera providencia había puesto de
patas en la calle a todos los empleados negros.
Sin embargo,
lo de este gringo no tiene nombre. Tal parace ser el hermano de
una blanquita que se nos enamoró de un negrito, puso mucho dinerito
en arreglar y habilitar la casa de la noviecita donde vivía un primito
y que al final el primito negrito era el auténtico amante que de
paso gratuitamente se hizo de un inmueble como de estreno. Escribir
que no haya un sólo negro trabajando en los hoteles cubanos
es como asegurar que en medio de Pekín se ha estado en un
hotel donde nadie era chino.
Lo más lamentable
resulta que muchos en EEUU tomarán en serio el artículo de mi colega
porque ya se sabe que el papel aguanta todo lo que le pongan. Eso,
hasta un día. Sí, en que venga un auténtico racista a comprobar
y disfrutar del espectáculo antinegruno y lo reciban unos músicos
más prietos (negros) que el carbón en el aeropuerto santiaguero.
Luego, el maletero, el barman, el camarero y hasta el salvavidas
de la piscina sean todos negros. Y que no se estimule mucho nuestro
señor con el ron oriental porque entonces alguien le podrá mostrar
a la inquieta esposa cómo se tocan las maracas. Y de seguro, que
no será un blanco.
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