Semanario de información económica y financiera

Viernes, 22 de marzo de 2002

 

DESDE EL MALECON CON...

La decadencia del argentino medio

Por Norma Domínguez*


"Cuando la gente se enfrenta a algo para lo que no se la ha preparado con anterioridad, se devana los sesos buscando un nombre para lo desconocido, aunque no pueda definirlo ni entenderlo", dice Eric Hobsbawm en su Historia del Siglo XX. Y algo así están viviendo los argentinos, que tratan de hallar alguna explicación lógica a la crisis que amenaza con aniquilar definitivamente el ritmo de vida del que gozaron hasta hace poco. Mientras, sobreviene la angustia de pensar que lo único que puede salvarlos sería un milagro. Ni los políticos, ni los organismos internacionales, ni la Iglesia, ni las instituciones, ni los intelectuales, ni ellos mismos: en el imaginario popular predomina la creencia de que sólo un milagro puede sacar al país del pozo en el que ha caído.

¿Cómo se va a denominar esta nueva etapa de la decadencia local? "Post" algo, seguramente, porque (y siguiendo con Hobsbawn) el prefijo "post" indica el reconocimiento oficial de una defunción: post menemismo; post cavallismo; post convertibilidad; post neoliberalismo; post estabilidad; o post default... Pero sea cual fuere el nombre, quedará claro a qué refiere, ya que un nuevo status social ha comenzado a gestarse.

El siglo XXI se abrió para la Argentina de manera traumática: una caída constitucional (esta vez fue sin golpe militar como ha sido común en América Latina durante los últimos cien años) causada por la reacción de un pueblo que, saturado y violado en sus derechos, exigió la salida del gobierno del presidente Fernando de la Rúa, y que sigue pidiendo, y esto es lo preocupante, "que se vayan todos, que no quede ni uno solo".

El Gobierno de Eduardo Duhalde no encuentra la punta para deshacer el enmarañado ovillo en el que se entretejen factores políticos, económicos, institucionales y sociales, que hacen del actual escenario lo que los analistas definen como la peor crisis de la historia argentina.

En lo político, la ausencia de representatividad es total; en lo económico, una recesión sostenida de cuatro años y una desocupación que se estima alcanzará hacia junio el 30%, más una devaluación de la moneda que al día de hoy ya perdió más del 65% de su valor en términos reales, hablan por sí mismas.

En lo institucional, la pérdida de confianza en las instituciones de orden público tiene su corolario con el enfrentamiento que desde hace más de un mes viven el Ejecutivo y la Corte Suprema de Justicia por el llamado "corralito" financiero; y en lo social, tal vez una aproximación a la explicación del fenómeno de anarquía que se vive sea la conjunción de los factores detallados, resumidos en el título del informe sobre la pobreza en la Argentina realizado en 1999 y que el Banco mundial difundió en marzo de 2000: Un pueblo pobre en un país rico, según el cual el país poseía para esa fecha el ingreso per cápita más alto de América Latina (9.000 dólares) al tiempo que el 29% de la población era considerada pobre y el 7% indigente. La sociedad está desintegrada y la legalidad perdió sus formas.

La corrupción de las últimas décadas exterminó la confianza y los liderazgos. Rotas las reglas del juego la situación se ha tornado crónica (siguen los cacerolazos, las manifestaciones, los escraches) y las instituciones se han salido de sus cimientos. La clase política ya no puede circular libremente por las calles y la bronca colectiva se confunde enfrentando a la sociedad entre sí, al tiempo que desde el gobierno aseguran estar preparados "para lo peor". No es tan difícil teorizar sobre lo que pasó, y tampoco es tan difícil prever que en la Argentina puede darse un estallido social mayor que el de diciembre si no logran frenar la caída en picada que viene dando la economía.

Lo realmente complejo es poder encontrar una salida urgente que permita recuperar la confianza. Para ello es indispensable una dirigencia política respetuosa de la ley, que cumpla con sus deberes y represente la voluntad popular. Sólo a partir de ello los argentinos comenzarán a reconstruir el tejido social que les permita aprender a vivir en un escenario más realista, más acorde a la nueva realidad económica que se plantea a partir de la devaluación y que cambiará, sin dudas, los ritmos de vida de los ciudadanos que verán modificado de manera profunda su status socioeconómico.

La "argentina europea", como la ha definido con acierto el analista político Rosendo Fraga, está desapareciendo a ritmos vertiginosos y la sensación (que acaba con el típico orgullo nacional) queda reflejada en esta anécdota que vale la pena "expropiar" y que se vivió a principios de febrero en un coqueto barrio de Buenos Aires, cuando un amigo argentino le dijo a su amigo panameño: -"¿Viste?, nos estamos latinoamericanizando" Y su amigo le respondió: "Se están africanizando, ¡ya eran latinoamericanos!".

* Norma Domínguez es editora de Contenidos de NuevaMayoría.com y Editora en Jefe del Observatorio Electoral Latinoamericano (OEL)

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