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Viernes,
22 de marzo de 2002
DESDE
EL MALECON CON...
Ese aparato llamado teléfono
Por
Aurelio Pedroso
(La Habana)
Los
extranjeros que visitan la isla se sienten extrañados de que nosotros
los cubanos no empleemos el teléfono para indagar por alguna información
propiamente periodística. Los más suspicaces, los que tanto o algo
tienen que ver con nuestra idiosincrasia, les vale sólo un día para
comprenderlo porque para un alemán, por ejemplo, una semana no alcanza.
Seguirá con dudas.
En
Cuba no se pueden solicitar informaciones por teléfono. Es casi
que imposible. A veces imagino que tal anormalidad ha sido ideada
por mis excompañeros del Servicio Militar (comenzó como Obligatorio
por segundo apellido y luego se cambió por Activo) quienes aún piensan
en la órdenes de aquel sargento que nos prohibía decir en casa lo
que comíamos en el campamento: "El enemigo se puede enterar por
esa información de cómo come la tropa".
Lo cierto es que no pregunte porque nada le van a contestar. Dos
ejemplos. Hace poco tiempo llamé al "servicio al consumidor " perteneciente
a una fábrica cubano-extranjera de cigarrillos. Decían las malas
lenguas que en las cajetillas vendrían premios, cosa rara en este
país. La respuesta a mi pregunta fue "nosotros no atendemos a periodistas
por teléfono". Tenía que haber dicho que era un "consumidor".
Y éste, que resulta más interesante, digno de un altar, por
considerarlo como único y alentador. Me muerde un perro propiedad
de un enfermo de sida. Llamo a la Línea de Ayuda y la joven estuvo
más de media hora dándome explicaciones de toda índole para que
no me preocupara.
Esta epidemia de no dar informaciones por teléfono pudiera tener
dos lecturas. Un extremo temor a confesar cosas que deben ser dichas
por otros de mayor jerarquía. "Que se 'queme' el jefe y no yo",
pensarán algunos. Pero conseguir hablar con el "jefe" es tarea difícil.
En Cuba los jefes o funcionarios están reunidos o muy ocupados casi
siempre.
Y
no intente que le devuelvan la llamada.
Lo otro bien pudiera ser la incapacidad intelectual, profesional
o práctica de responder una pregunta bien por falta de costumbre,
hábito o porque sencillamente no le da su real gana.
Conseguir
la fecha de apertura de un aeropuerto civil, de extrema importancia
para el futuro turístico de la isla llevó un día hábil de trabajo.
Nadie sabía, estaba ocupado, en una reunión o en algo que le resultaba
imposible decir "en marzo de tal año". Por supuesto que no se llamaba
al Ministerio de la Agricultura.
Tanto
se ha degenerado este problema de dar informaciones telefónicas
que ahora el Ministerio de Salud Pública está intentando retomar
aquella vieja costumbre de obligatorio cumplimiento para el dependiente
en el sentido de que debe ser localizado en otra farmacia y por
teléfono la medicina faltante.
Es
que el teléfono en Cuba tiene su historia. O mejor, alrededor de
él se han tejido muchas. Hace años, en época de apagones (cortes
de luz) la buena amiga descolgaba, llamaba a la otra y de inmediato
el auricular a la bocina del TV para no perder ningún bocadillo
del culebrón de turno. Esto, hasta que empezó el metraje. Pero el
aparato sigue con plena utilidad en oficinas y departamentos. El
fiel compañero siempre a mano para una confidencia o algo ajeno
totalmente al trabajo. Algunos aparatos ya disponen de candado electrónico.
Muchas llamadas a provincias del interior siendo aquello algo municipal.
Y
dejo esto por hoy. Me acaba de llamar un amigo para confirmarme
que la otrora estrella en este continente, la gran Sara Montiel
se dirige hacia la casa de su novio cubano para conocer a la familia
del joven cónyuge en el municipio habanero de San Antonio de los
Baños.
Es
de buena tinta la
información y de nada vale que intente verificarla... por teléfono.
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