Semanario de información económica y financiera

Viernes, 19 de abril de 2002

 

El día en que casi nadie durmió

Por Aurelio Pedroso
(La Habana)

La primera mañana con posterioridad al golpe de Estado en Venezuela, un diario de circulación nacional en su primera edición daba por feliz la situación en Caracas. Uno, dos días antes, todo marchaba sobre ruedas y Chávez anunciaba aumento de salarios. En Venezuela no ocurría simplemente "nada"...

Pero el jueves 11, durante una gran fiesta nocturna de despedida en el Meliá Habana al corresponsal de Reuters, cuando los rones y los buenos sones ya tenían a todos en el más completo frenesí, los celulares se dispararon al unísono. El primer rumor era una auténtica bomba: "Hace una hora está en pleno vuelo hacia Cuba un avión con Chávez porque le han dado un golpe de Estado"

El viernes 12, con las primeras horas del día ya los revendedores de gasolina no aceptaban los pesos cubanos y exigían 50 céntimos de dólar por el litro. Los estrategas cubanos de a pie, que abundan como las esquinas, advertían muy seriamente que "señores, a comprar velas y 'luz brillante' (keroseno) porque la cosa se pondrá bien fea. Todo por Venezuela y el golpe. Un golpe digno de figurar en una antología del rídiculo.

Por tierras de Simón Bolívar, el rey por un día, "expresidente" Pedro Carmona se disparó en actuaciones sin penas ni glorias. De la estatal Petróleos de Venezuela la nueva directiva lanzó una exclamación que hasta La Habana llegó sin necesidad de reservar un satélite: "Ni una gota de petróleo para Cuba"

Y así las cosas, como dice un conocido analista de la TV, comenzó el culebrón, cuyo punto culminante y fulminante fue toda la noche y madrugada del domingo con millones de cubanos pegados al TV, que ya en ese entonces se había conectado en vivo y en directo con Venezolana de Televisión.

El golpe y contragolpe han proporcionado tanta tela por donde cortar que cada cual se ha hecho su camisón a la medida. Tal vez una de las cosas más significativas en la reaparición del verdadero Presidente sea aquella en que se impone una jornada reflexiva.

A Chávez le vino muy bien lo ocurrido. Es como decimos por muchas naciones de este continente "el hacerse el muerto para ver qué velorio le montan". Pues tuvo ocasión de verlo y no porque se lo haya propuesto. La oposición y los medios de comunicación habrán tomado sendas notas de lo que no deberán hacer en un futuro. El anciano Carmona, por su parte, ya podrá recomendarle a sus nietos que "mucho cuidado si te proponen presidencia porque te la pueden dejar de la mano".

Hacía mucha falta que un episodio de esta naturaleza ocurriese en Latinoamérica para ver si finalmente nos metemos en nuestras cabezas el respeto a la democracia. O dicho de otra manera, a la voluntad de lo que en mayoría quiere la gente.

En la isla, la gasolina ha vuelto a ser comprada en el mercado negro en moneda nacional y sólo adquieren velas aquellos que aún piensan que el santo se lo agradecerá algún día. Por lo demás, hay felicidad con el retorno de Chávez que aquí también goza de mayoría.

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