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Viernes,
3 de mayo de 2002
AMERICA
TAMBIEN EXISTE
La presión arterial de Fox
Por
Ander Estrada
(México D.F.)
En
una de sus recientes giras de trabajo, esas típicas del presidencialismo
priista y que el primer Gobierno democrático de México mantiene
como otros muchos usos, Vicente Fox se sometió a un examen de presión
arterial.
Se
trataba de probar el equipo de un helicóptero-ambulancia. El flamante
doc conectó al presidente a una ultramoderna máquina y sentenció:
"Su presión está dentro de los parámetros normales, Sr. presidente".
La contestación de Fox no pudo ser más gráfica: "¡Normal, con
la que está cayendo!".
Y
es que Vicente Fox está pasando por los peores momentos de
su mandato desde que asumiera la presidencia hace menos de dos años.
En primer lugar cayó en la emboscada que le tendió Fidel Castro
al hilo de la Cumbre de Monterrey de la ONU (celebrada el pasado
mes de marzo) y con la votación en la Comisión de Derechos Humanos
(también de la ONU) de Ginebra como telón de fondo.
La
divulgación de la conversación privada que mantuvieron ambos presidentes
dejó a Fox, literalmente, con el culo al aire. Más allá del método,
la grabación demostró que en efecto México solicitó (a petición
de EEUU según ha reconocido el propio canciller Castañeda, aunque
se ampare en su gusto por los sinónimos y giros semánticos) al comandante
reducir su estancia en Monterrey y evitar las críticas a George
Bush, extremos que se habían negado insistentemente.
Es
decir, el presidente Fox mintió, como él mismo asumió al pedir perdón
a los mexicanos. De otro lado, este episodio ha sido rápidamente
aprovechado por la oposición para denunciar el servilismo del Gobierno
ante la política norteamericana.
Pero
no quedó ahí la cosa. La salud presidencial sufrió un nuevo ataque
a las pocas horas cuando la Corte Suprema de Justicia de la Nación
declaró inconstitucional la reforma de la Ley Eléctrica que abría
las puertas a la entrada de capital privado en el sector. La máxima
instancia judicial volvió a dejar a Fox en paños menores y dió la
razón al Congreso.
Es
cierto que Fox no ha emprendido necesarias y profundas reformas,
pero no es menos cierto que el Congreso (con mayoría opositora y
poderes para no dejarlo ni viajar) esta torpedeando la labor del
Ejecutivo con legítimos fines partidistas pero escasa visión de
transición democrática.
Para
colmo de males, un dolor de cabeza llamado BBVA-Bancomer empieza
a afectar al Gobierno. Las acusaciones del FBI de que el banco español
compró de forma poco clara y dinero poco limpio su filial mexicana
han llevado a la oposición a reclamar la apertura de una investigación.
De momento una aspirina y oidos sordos, pero ya veremos si se está
gestando una infección mayor.
Ante
este cúmulo de malos síntomas que el presidente mantenga su presión
arterial en orden es tranquilizador. Claro que la salud de México
no está para estos sustos.
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