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Viernes, 3 de mayo de 2002

 

Una cubana cubanísima

Por Aurelio Pedroso
(La Habana)


Es nada más ni nada menos que la Gran Duquesa de Luxemburgo, María Teresa Mestre Batista. Una señora que según cuentan se conserva muy bien en sus 45 años de edad y que para nada ha perdido el don de la cubanía. Y tomemos nota que con sólo cuatro años, justo a la llegada del comandante y la tropa rebelde, sus adinerados padres (era el gerente de The Trust Company of Cuba) tomaron la decisión de subir a un Bristol Britania y no detenerse hasta Nueva York. Seis años más tarde llegarían a Suiza.

La soberana de Luxemburgo se acaba de pasar quince días en Cuba para conocer a la parentela y, de paso, a su país. Por viajar fue hasta San Juan de los Remedios, esa villa donde nació un cubano (el general Dámaso Berenguer) que con el tiempo fue el único presidente de Gobierno español no nacido en la península.

El esposo de la duquesa, el Gran Duque Henri, jefe de Estado de Luxemburgo, esta vez no le acompañó. Prefirió que fuera sola a por sus raíces y que en otro viaje le seguiría. No obstante, su hijo el príncipe Guillermo, el heredero, le "escoltó" en tan singular recorrido. Así, tocando las cosas excepcionales, la Duquesa es la única primera soberana latinoamericana de una monarquía europea.

Una mujer que le confesó a un colega que "es la cubanía, es crecer hablando de Cuba, pensando en Cuba, llorando a Cuba, comiendo cubano, es vivir cubano". El español que habla es perfecto. Más aún cuando mantiene vivo los giros propios del habla cubana, cosa que otras "duquesas" en la actualidad residentes, por ejemplo en Miami, han borrado de su léxico para emplear el clásico y gringo "¡Wuao!" o esa tan refinada forma de despedirse con el "bye".

Las expectativas del viaje fueron satisfechas, según declaró a la prensa. "Más que satisfecha", dijo. Si poco antes de marchar a los cuatro años de edad, figuraba en el Registro Social de la Habana 1959 (pág. 521), en la Cuba de hoy, sin princesas, duquesas o marquesas, la gente de a pie la tomará con orgullo como lo que es: primero, una cubana que no olvida. Y luego, que se trata de una Gran Duquesa de verdad.


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