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Viernes,
10 de mayo de 2002
Argentina:
"Dólar o no dólar, esa es la cuestión"
Por
Norma Domínguez*
Dólar
o no dólar, esa es la cuestión que para los argentinos se ha transformado
en el "ser o no ser". Porque quieren sus dólares o el equivalente
en pesos a sus ahorros para comprar dólares. Y quieren también recuperar
la seguridad y el orden que brinda la estabilidad económica.
Desde
que en 1991 el país adoptó el dólar como base de su estabilidad
monetaria, y hasta la caída de Fernando de la Rúa en diciembre del
año pasado, el uno a uno rigió los bolsillos locales con todo lo
que ello implica: existían los créditos y era posible comprar desde
un par de zapatillas en 12 cuotas mensuales sin interés o con un
interés mínimo, hasta una vivienda a treinta años; había ahorros
en los bancos y los ahorristas eran "clientes preferenciales" en
las entidades bancarias que accedían a tarjetas de crédito internacionales
sin mayores requisitos, y eran también los ciudadanos "de lujo"
de América Latina para EEUU, ya que no requerían visa para entrar
al primer país del mundo.
Pero todo
eso quedó atrás. Ya no hay más créditos, ni tarjetas de crédito,
y para obtener el pase estadounidense hay que hacer largos trámites
acompañados de muchas oraciones al cielo. Los ahorristas han pasado
de ser clientes preferenciales a enemigos de los bancos y armados
con picos y martillos salen cada día a reclamar que les devuelvan
su dinero secuestrado en el "corralito".
Aunque
en Economía dicen que este mes comenzará la liberación del "corralito",
lo cierto es que el proyecto para devolver los depósitos en bonos
del Tesoro Nacional está trabado por el desacuerdo que existe entre
el Gobierno y los bancos. Desde Hacienda estiman que antes de fin
de mes comenzarían a abrir gradualmente las cuentas a la vista,
ampliando el límite de extracción de las cajas de ahorro y cuentas
corrientes a 2.000 pesos, y que ese monto iría aumentando hasta
liberar completamente los ahorros en septiembre. Pero nadie apuesta
demasiado por este proyecto, porque la apertura de los depósitos
podría desencadenar una nueva estampida del dólar que ahora ronda
los 3,20 pesos.
La llegada
del nuevo ministro de Economía Roberto Lavagna fue más prometedora
de lo que hasta ahora viene resultando. Sin cambios estructurales
ni grandes medidas, los avances iniciales están dirigidos a satisfacer
las demandas primordiales del Fondo Monetario Internacional (FMI)
respecto de la derogación de la Ley de Subversión Económica y las
reformas a la Ley de Quiebras, con el objetivo de mostrar cierta
disciplina y lograr credibilidad para conseguir la ayuda solicitada
por el Gobierno.
Cuarenta
y ocho meses de recesión con una caída del salario real que supera
el 60% desde que se inició la devaluación, se suman ahora al riesgo
latente de una hiperinflación que amenaza con ser más cruel que
la que el país sufrió en 1989 bajo la presidencia de Raúl Alfonsín
por varios motivos: la desocupación a fines de los ochenta era del
7% contra el 24% que arrojó el último índice oficial; en aquel momento
los trabajadores en relación de dependencia tenían poder para negociar
recomposiciones salariales, mientras que hoy es imposible pensar
en esos términos ya que los empleados prefieren aceptar podas y
achiques antes que arriesgarse a perder la fuente de trabajo.
Cuando
en 1989 se desata la etapa más cruda de la hiperinflación, el país
ya tenía un presidente electo con el 48% del voto popular y ahora,
cuando Argentina atraviesa la mayor crisis de su historia, tiene
un presidente, designado por la Asamblea Legislativa hasta septiembre
de 2003, que carece de respaldo social. "Puse dólares, quiero dólares"
rezan los carteles que empuñan, desesperados, los ahorristas acorralados.
Recursos de amparo, picos y huevos son muchas veces sus armas de
protesta y reclamos.
La bronca
ciudadana crece a la par de la impotencia gobernante que no encuentra
la salida de este laberinto macabro.
*
Norma Domínguez es editora de Contenidos de NuevaMayoría.com y Editora
en Jefe del Observatorio Electoral Latinoamericano (OEL)
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