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Viernes,
10 de mayo de 2002
¿Bienvenido
Mr. Carter?
Por
Aurelio Pedroso
(La Habana)
Jimmy Carter a punto de llegar a la isla en cumplimiento de una
invitación del presidente Fidel Castro.
Otros,
como es de suponer, estarán aguardándole en el aeropuerto para ver
descender por las escalerillas un número fatídico en la idiosincracia
gringa, toda vez que suman trece los integrantes de la comitiva.
Las
opiniones, como ya es habitual, están divididas en Miami y dentro
de la propia Cuba.
Por encima de cualquier nombre de algún personaje de la oposición,
la gente en la calle vive la curiosidad sobre lo que podrá representar
de cara al futuro esos seis días de Carter en La Habana.
El cubano de a pie, para nada tonto e ignorante, sabe que Carter
no viene a pescar ni a fumar puros.
Ya
muchos preguntan cuándo fue gobernante, qué hizo para con la isla,
su actitud cuando el masivo éxodo de cubanos por El Mariel, la apertura
bajo su mandato de la controversial Oficina de Intereses y, finalmente,
el espinoso asunto de los Derechos Humanos.
La
visita del expresidente no puede ser más oportuna, dada la particular
y delicada situación reinante hoy en Cuba, caracterizada por un
inclemente embargo norteamericano, una economía que no acaba de
tomar velocidad para despegar y el incremento de acusaciones cada
vez más serias de colaboración con el terrorismo internacional,
entre otras.
Preparaba
maletas Carter cuando estalló en Estados Unidos la gran preocupación
de que aquí se fabricaban armas biológicas y se compartía tecnología
con países que según Washington encabezan el listado de peligrosos
terroristas.
Si
cuando la visita del Papa Juan Pablo II mucha gente se hizo ilusiones
de que cambiarían en algo las cosas, ahora vuelven a pensar en lo
mismo y, por tanto, sucederá igual: que no pasará nada. El soberano
de la iglesia católica le habló a cerca de un millón de cubanos.
Ahora comentan que Carter hará lo mismo, pero por la televisión.
A ver si es verdad y qué dice.
A
priori será muy difícil que Jimmy Carter logre modificar los criterios
que sobre Derechos Humanos tiene el comandante. De igual modo, que
éste le haga ver al norteamericano que tal tema no tiene nada que
ver con esa "homologación" internacional que tiene la materia. Habrá
que buscar una media, una zona de mutua convergencia. Y no porque
ambos bandos necesiten anotarse por cabeza un éxito político más.
Es
la isla, con sus casi doce millones de cubanos residentes y más
de otro dando tumbos desde Alaska hasta Australia, la que aspira
a vivir tranquilamente. Por ejemplo, en compañía de la madre.
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