Semanario de información económica y financiera

Viernes, 28 de junio de 2002

 

El dolor de la dolarización en Ecuador

Por Amalia Verdezoto Vidal
(Guayaquil, Ecuador)

Una ecuatoriana de mediana edad y de clase media-alta se despierta temprano en la mañana y se da cuenta que la chica del servicio doméstico no ha llegado, llama a su casa y le dicen que ya no vive en Ecuador, que se ha ido para España (con el adelanto de dos meses de sueldo, que obviamente no devengará). La mujer, aún confundida, toma sus cosas y se va sin desayunar al trabajo, pasa por un café y duda sin con 80 centavos de dólar le alcanzará, dado que hoy en día todo amanece más caro. Y tiene razón, su café mocachino acostumbrado le cuesta un dólar esta vez, sin que exista ya el pretexto de la inflación.

Y es que éste es el dolor de quienes habitamos en una economía dolarizada con una cultura sucretizada, donde la especulación es el pan de cada día, todos los que pueden hacerlo se ensañan sin pensar que junto a los precios internacionales está el poder adquisitivo del proletariado reducido a la cuarta parte. Este caos afecta también a los dueños de los bienes de producción, algunos de ellos en quiebra definitiva después de la fuga de capitales de la banca ecuatoriana, acto posible en un país donde el poder económico está unido al político que es el que pone las reglas de juego. La coerción de parte del sistema jurídico es fácilmente vulnerable ante el poder y la corrupción.

La dolarización no es buena pero podría ser peor, sin ella el supermercado se habría pagado con canastas de dinero o papel pintado, el grado de representatividad del oro del banco en sucres quedó reducido a nada, usando siempre la devaluación como escudo, terminamos devaluando al Ecuador.

A éstas alturas del camino, y con una Argentina tan cercana y sentida, sólo nos queda sostener nuestra dolarización, aprender a manejarnos en los nuevos parámetros y controlar la corrupción, algo no muy fácil si sumamos el clima electoral, los acuerdos con el FMI y las protestas sindicales que dichos acuerdos provocarán.

Y mientras la mujer acaba su café, no puede dejar de pensar que un importante rubro de la economía nacional es el de las remesas de los emigrados y que en manos de su empleada ya no está el menú de su casa sino ayudar a la economía nacional con el envío de sus euros desde España.

 

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