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Viernes,
12 de julio de 2002
DESDE
EL MALECON CON
La energía del Todopoderoso
Por
Aurelio Pedroso
(La Habana)
Cuando llegue
la hora del Juicio Final, muchos cubanos encabezaremos la fila para
ser juzgados con la mayor severidad. Se nos acusará por el Santo
Tribunal del pecado capital de blasfemar a diestra y siniestra mañana,
tarde, noche y madrugada.
Y es que
no puede ser de otra forma. Usted está en lo que está y entonces
en el mejor de los momentos el equipo electrodoméstico o "electrolaboral"
(entiéndase ordenador) comienza a convulsionar. Por varios y fulminantes
segundos hace como que se va a apagar. El clásico sí pero no. Tal
ataque (comprobado ha sido), no cree en protectores y a veces ni
en los conocidos back-up o acumuladores de emergencia. Tampoco
en la bendición de Dios. De ahí que como una explosión de dinamita
china, ofensas de las más diversas vayan al cielo. A
quien allí es amo y señor, a quienes les acompañan y hasta las pobres
vírgenes, que vírgenes al fin y al cabo desconocen de esas tan terrenales
y violentas injurias.
Pero hay
otra manera también de atacar y de paso cepillarse uno, dos, tres
o hasta diez motores en neveras de una comunidad. Es la forma más
común, la que se manifiesta con un corte seco de electricidad y
sanseacabó. Como quiera que ya no se anuncian con exactitud por
la prensa los llamados "apagones" y que también a falta de ellos
durante un largo período, pues la gente no les presta atención y
siempre piensa que la desgracia le caerá a otro. Estos cortes lo
mismo duran media hora que cuatro o cinco.
Si previamente
no se desconectan los equipos de las fuentes de electricidad, el
mal puede sentar requetemal. Pero ojo, porque se requiere de algún
signo de videncia. En ocasiones se enchufa a los diez minutos de
reaparecida la electricidad y ya realizada la operación, la electricidad
decide nuevamente salir de paseo. ¡Santo Dios! dirán algunos;
¡la virgen!, otros.
Hace poco,
unos vecinos capitalinos, más que afectados, fueron a donde la delegada
del Gobierno en su zona de residencia con una queja en la mano,
el bolsillo y el corazón. Atinadamente se les dijo que nombraran
un abogado para demandar a la empresa eléctrica. Excelente idea,
en lo teórico, y menos mal que no les indicó una inmediata protesta
al párroco de la iglesia más cercana.
Esto es un
verdadero problema en toda la isla que aún no tendrá una solución
feliz. Y será infeliz porque todo son contrariedades. Desde que
no muchos pueden disponer de casi 80 dólares norteamericanos
para adquirir una máquina, por ejemplo, de 1/6 de fuerza, hasta
que las filas para pagarlas en moneda nacional son interminables
en los talleres estatales, donde tampoco abundan las máquinas habida
cuenta de la difícil situación económica en momenda convertible
que a veces invita a adquirir lo uno o lo otro, pero no las dos
cosas al mismo tiempo.
Para colmos,
el petróleo, que no anda muy cristiano que digamos. Un petróleo
tan necesario en estos meses de verano como una ducha fría o una
visita cancelada de la suegra el fin de semana. Una buena defensa
quizás nos salve de tan peligrosas blasfemias. También, un corte
de luz a la hora del proceso que nos permita alabar al Santísimo
y purgar de inmediato, ipso facto, las barbaridades que decimos
y escuchamos.
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