|
Semanario de
información económica y financiera | |||
|
|
|
Viernes, 19 de julio de 2002
Pero, ¿quién vota por el FMI? Por
Rafael Alba
Se han quitado las caretas. Anne Krueger viajó a Brasil, en su condición de número dos del Fondo Monetario Internacional (FMI) para reforzar la imagen de Arminio Fraga, el Greenspan latinoamericano y ayudar al país a superar la crisis financiera que no cesa. Tan seguro estaba Fraga de su triunfo que hasta le metió un tijeretazo de cincuenta puntos básicos a los tipos de interés que ha dejado en el 18%. No debió fiarse de la chica. La peligrosidad de este organismo y su obcecación ciega puede provocar, si no lo ha hecho ya, un nuevo brote de caudillismo en Latinoamérica. Krueger dijó que no habrá créditos a menos que todos los candidatos electorales que aspiran a ser presidentes en octubre se comprometan a competir con el mismo programa económico. Primero hay dudas, serias dudas, de que la medicina de ajuste continuó y tensiones sociales que el FMI aplica por sistema en los países emergentes pueda servir para algo. Pero, ni siquiera eso es lo más importante. En un país en crisis, con una población revuelta y golpeada que, hasta hace muy poco era un ejemplo para toda la región, la oferta de políticas económicas diferenciadas es una de las opciones más importantes que se le presentan al electorado. Sí el FMI aborta esta opción al exigir un pacto previo de todos los candidatos, ¿qué se va a votar? El FMI condiciona
peligrosamente la democracia en casi todos los países en los que
actúa. Antes lo hacía con discreción. Ahora ni siquiera
eso. La reforma de este organismo es cada día más urgente.
Brasil debe poder votar en libertad, igual que se vota en cualquier otro
país del mundo. No hay excusas. |
| Edita Asesores de Publicaciones S.L.
|