Semanario de información económica y financiera
 

Viernes, 2 de agosto de 2002

 

DESDE EL MALECON CON

El caso Robaina y algo más

Por Aurelio Pedroso
(La Habana)

Uno de los supercantineros de El Floridita, el gran Roly, está de plácemes detrás de la barra. Comenta que ahora sí le están llegando clientes y que parece levantar el turismo. El bar, bien climatizado, nada tiene que ver con las lenguas de fuego que recorren la ciudad, principalmente en horas del mediodía.

Y en modo alguno con las lenguas también de fuego de los cubanos que, curiosamente, con la llegada del uno de agosto no hacen más que comentar un vídeo ahora expuesto sólo a militantes del Partido Comunista en el que el excanciller Roberto, "Robertico", Robaina es enjuiciado por una comisión partidista presidida por el número dos, general Raúl Castro, quien durante dos horas de proyección critica fuertemente a Robaina.

Casi tres años después de su separación del cargo de canciller, Robaina hace un mes aproximadamente ha sido expulsado del Partido Comunista, el Poliburó y de su condición de diputado a la Asamblea Nacional (Parlamento).

Minutos y horas de especulaciones entre los cubanos, militantes o no. ¿Por qué ahora y no antes?, es la pregunta de todos. Algunos opinan lo complejo del proceso de investigación. Son los que no recuerdan las causas uno y dos de 1989 cuando en situaciones mucho más complejas y delicadas, un Héroe de la República de Cuba y tres oficiales más fueron a dar frente a un pelotón de fusilamiento en tiempo récord.

Otros apuntan que ahora es el momento más adecuado para enviar un mensaje a quienes, a espaldas del partido, se empeñen en pensar en otras soluciones políticas, económicas o sociales para la Cuba de hoy.

El gran error de Robaina, a mi juicio, está en unas palabras de Ricardo Alarcón, actual presidente del Parlamento, y en otro tiempo ministro de Relaciones Exteriores, cuando en una conversación con miembros del Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex), relató una vieja anécdota de principios de la revolución. Fue un encuentro con el Comandante Fidel Castro que le preguntó qué estaba haciendo y Alarcón le respondió algo en torno a que se dedicaba a trazar política exterior. Entonces la respuesta de Fidel Castro: "Pues yo pensaba que quien trazaba la política exterior era yo". Alarcón, desde ese entonces, según su confesión, tuvo bien claro quién en Cuba trazaba los lineamientos exteriores.

Y Roberto Robaina no lo hizo del todo bien. He ahí el pecado original, entre otros. El eterno enemigo miamense no tardó en sostener que hasta estaba detenido. Lo pusieron entre rejas cuando aún estaba en casa y habrá que aguardar finalmente lo que podría sucederle a este joven "cuadro" de la revolución que fuer capaz de darle un giro importante al esquemático trabajo de las juventudes comunistas (UJC) cuando llegó a ser su primer secretario. El "efecto Robaina" en las filas de la UJC ya ha desaparecido y el logotipo audaz de los tiempos de Robaina fue eliminado para retomar el inicial, con las palabras "estudio, trabajo y fusil".

Pero la gente no sólo habla de Robaina. Con la llegada de agosto, estalló en las calles habaneras la llegada a Miami de quien fuera un importante personaje en la cúpula del poder cubano: Alcibiades Pérez Hidalgo. Un hombre que durante casi una década fue jefe de despacho del general Raúl Castro en su condición de ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y hasta viceministro de Relaciones Exteriores.

Dicen en Miami que el ex ministro llegó como balsero devenido a vendedor de dulces caseros y autoempleado semiclandestino como chofer de taxi, en el auto que le fuera entregado en virtud de sus responsabilidades. Obviamente, ya le estará cantando a quien corresponda todo lo que supo o presumió.

Así comenzamos agosto. Mes bien caluroso y casi siempre con alguna que otra sorpresa. Al margen de los culebrones de TV, lo de Robaina y Alcibiades también nos ocupará el tiempo entre el calor, las sudoraciones y estas contingencias de los muy buenos antes y ahora convertidos en muy malos patriotas.

Sobre Robaina pueden pesar múltiples cargos políticos.


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