Martes, 27 de agosto de 2002

 

El Gobierno brasileño presiona a la banca extranjera para que conceda préstamos

El edificio de la Reserva Federal de Nueva York ha acogido al ministro de Hacienda brasileño, Pedro Malán, al presidente del Banco Central, Arminio Fraga, y a representantes de la banca extranjera con intereses en el país suramericano. En este escenario, no tan neutral como parece, las autoridades brasileñas esperan que las entidades foráneas sean más receptivas a sus peticiones; demandas que pueden concretarse en sólo una: quieren que estas firmas continúen aumentando la inversión crediticia y mantengan abiertas las líneas de crédito a las empresas brasileñas.

Una tarea difícil de conseguir. Las turbulencias en los mercados, la desaceleración de las economías desorralladas, la crisis en Argentina, Uruguay, y cómo no, en Brasil han convertido a los bancos internacionales en extremadamente prudentes. Las provisiones por créditos dudosos en Brasil han aumentado un 55,9% de media en el primer semestre del año. En su conjunto, los bancos extranjeros han asumido riesgos en este país por valor de 66.000 millones de dólares (67.980 millones de euros).

El lugar del encuentro entre las autoridades brasileñas y los banqueros extranjeros no es casual. Muestra dos hechos. En primer lugar el interés de EEUU (patrocinador del encuentro) por Brasil, algo que ya demostró cuando permitió que el FMI le otorgase a este país ayuda por valor de 30.000 millones de dólares (30.900 millones de euros). Y en segundo término y quizá más importante, son las firmas estadounidenses las más reacias a conceder créditos en Brasil. De hecho, nada más conocerse la intención del Fondo de prestar auxilio financiero al país, representantes de casi todas las filiales brasileñas de firmas de EEUU anunciaron que ese dinero no les haría cambiar su política crediticia. ¿Su argumento? Mientras exista incertidumbre electoral se mantendrán las turbulencias en los mercados internacionales que castigarán a Brasil, lo que podría obligar al Gobierno a declarar la suspensión de pagos de su deuda que asciende a 325.000 millones de dólares (334.750 millones de euros).

Y su amenaza la han cumplido. Bancos como el Citigroup, el séptimo por volumen de activos en el ránking de las entidades financieras privadas, anunciaron hace unos días que cortarían el suministro de créditos a las empresas del país. En el segundo trimestre esta entidad recortó el volumen de préstamos un 18%. Pero no es el único banco estadounidense en Brasil. Allí están también el BankBoston, el JP Morgan Chase, el Bank of America, Wachovia... Este último espera reducir su financiación a Brasil en la segunda mitad del año en 720 millones de dólares (741 millones de euros).

La actitud de la banca estadounidense contrasta con la del principal banco extranjero en el país, el Santander Central Hispano (SCH), que a través de Banespa acapara el tercer puesto en el ránking de entidades privadas con 24.547 millones de dólares (25.283 millones de euros) en activos; sólo por detrás de los dos grandes bancos domésticos: el Bradesco y el Itaú. El responsable de Latinoamérica del grupo español, Francisco Luzón, ha sido el encargado de viajar a Nueva York para transmitir a las autoridades brasileñas su postura en este asunto; posición que no es otra que la que el propio presidente de SCH, Emilio Botín, anunció en su último viaje Brasil: la entidad continuará ofreciendo créditos a las empresas brasileñas. Mantendrá las líneas de crédito a la exportación, que por valor de 600 millones de dólares (618 millones de euros) han concedido a las compañías brasileñas.

Desde el BBVA no han confirmado su asistencia a la reunión. Pero en cualquier caso, la presencia de esta entidad española en Brasil es mínima. Su filial apenas tiene 5.100 millones de dólares (5.253 millones de euros) en activos.

Al cierre de esta edición todavía se encontraban reunidos. Pero en los mercados reinaba el optimismo. Una muestra de ello es la evolución de la divisa estadounidense frente al real. A media sesión, un dólar se intercambiaba por 3,06 reales, muy lejos ya de los 3,44 de principios de agosto.

Los inversores confían en que Malán y Fraga logren un compromiso de los bancos extranjeros, o al menos de algunos de ellos. Es vital para la economía del país. Los exportadores brasileños han tenido en los últimos meses que recortar su producción porque no han podido acceder a créditos. Pero no sólo para las empresas. Cualquier muestra, por mínima que sea, de que las compañías podrán renegociar sus préstamos se hará notar en el mercado de bonos. Una caída de las rentabilidades aligerará el servicio de la deuda del Gobierno y alejará la posibilidad de un default.

Para que la crisis de las empresas no se agrave más de la cuenta, y a la espera de la reacción de los bancos privados, el Gobierno y del Banco Mundial han puesto a disposición de las empresas 4.000 millones de dólares (4.120 millones de euros) para que puedan financiar sus ventas; un dinero que según algunos inversores no será suficiente para pasar el bache.

La escasez de préstamos ha forzado a empresas como Electropaulo Metropoitana, el mayor distribuidor eléctrico de Latinoamérica, a comprar dólares para pagar el vencimiento de su deuda ante la incapacidad de renegociar sus obligaciones. Una actitud que de generalizarse introducirá presión sobre el tipo de cambio.

 

 

 

 

 

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