Semanario de información económica y financiera
 

Viernes, 6 de agosto de 2002

 

DESDE EL MALECON CON

Ese censo que viene

Por Aurelio Pedroso
(La Habana)

Al cubano promedio poco le gusta que le hagan preguntas. Y más si son 21 y luego otras tantas más hasta completar las 14. En total, 35 interrogantes de cara al censo de Población y Viviendas a efectuarse entre el 7 y el 14 del actual setiembre.

Otra cosa es que el cubano viaje en un taxi mixto, que se lo tope uno en una larga fila o que sea su compañero en un viaje transoceánico. Entonces, al final, usted conocerá de todos sus problemas, la parentela completa y hasta de la próxima operación de hemorroides.

Aún negado a responder varias preguntas en las que casi siempre el "parón"es devolverla indagando si el interrogador pertenece a algún organismo de la seguridad del Estado o simplemente es del CDR (Comité de Defensa de la Revolución), la gente se molesta por tantas y tantas averiguaciones.

Con este censo, que será más de población que de viviendas, ya son varios los que se han trazado una actitud desconfiada y carente de razón alguna aparentemente. Como que ya tienen en su poder los cuestionarios a los que serán sometidos, estos caballeros y damas optarán por esconder cuanto efecto electrodoméstico tengan en casa. Y si son computadoras (ordenadores), videocaseteras u ollas arroceras mucho mejor.

Lo que buscan, persiguen es que sencillamente nadie se entere de lo que en realidad poseen.

La pregunta 17, por ejemplo, de seguro le dará quehacer a los jóvenes universitarios enumeradores que ya se encuentran listos para censar y que a los efectos de que posean vía libre en las casas se les ha dotado de camiseta, gorra y acreditación correspondiente. Ni más ni menos que deberá respondérsele que qué hizo la semana anterior al día 7 de setiembre. Es decir, si trabajaba, buscaba empleo, estaba hospitalizado, recluido en una cárcel, etc. etc.

Vaya precisión la del censo.

Otra no menos singular es el estado civil o conyugal. Aquí aparace una figura muy común en la isla: la de unido o unida. Dicho en lenguaje familiar, los 'arrimaos", los que se arriman y no quieren saber de compromisos ante Dios ni la Ley. Pues así veremos, cuando se publiquen los resultados cuántos seremos los unidos.

Escondan el ordenador debajo de la cama, la olla arrocera sea convertida en una maceta provisional o lo que la picarezca les impulse, este censo será vital para saber en definitiva cuántos somos, cómo vivimos, de qué forma y
otros tantos datos más que deberán venir para bien y no para el mal.

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