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Viernes 22 de noviembre de 2002
Las guayaberas y el 'peculiar' individulaismo de Aznar Por
Miguel Humanes Se sabe que al presidente español, José María Aznar, le gusta el paddle, el esquí y practica la carrera continua (el jogging anglosajón), todos deportes individuales, aunque al paddle se suela jugar en pareja. Lo que no se sabe es si al presidente le gusta practicar, o ha practicado en su infancia y adolescencia, deportes de equipo. Yo apostaría a que no. Alguien que ha jugado al futbol, baloncesto, voleyball... o simplemente ha ido de acampada con más chavales varias veces no hace las cosas que hace Aznar. Cuando uno forma parte de un equipo se comporta como una pieza del mismo y actúa en consonancia con el colectivo. Y
el asunto de las guayaberas en la reciente Cumbre Iberoamericana es un
buen ejemplo de la falta de espíritu de equipo del presidente español:
la veintena de jefes de Estado y de Gobierno se ponen la guayabera (buena
idea porque el calor era insufrible) y Aznar no. El rey de España,
don Juan Carlos de Borbón, por supuesto que se la puso, no sabemos
si fue porque él si practica deportes de equipo (como la vela)
o porque tiene sentido común y sabe lo que es la cortesía
y el saber estar. El caso es que esa costumbre que tiene Aznar de llamar la atención por lo negativo, no se entiende en España. Ese "no saber estar" del presidente español irrita a millones de sus conciudadanos, entre los que me incluyo. Su decisión de no ponerse la guayabera en la que se ha denominado "La Cumbre de las guayaberas" resultaría más incompresible si fuera cierto que se la puso en la cena de gala de la Cumbre. El que escribe esto no tuvo acceso a esa cena, pero le llegaron comentarios de que Aznar sí llevaba guayabera en esa ocasión. Osea que la prenda en cuestión no es que le dé alergia, ni nada por el estilo, simplemente se la pone o no se la pone cuando le apetece. En su reunión con los líderes centroamericanos, todos llevaban guayabera menos el representante español que optó por un polo Lacoste. Muy en la onda del encuentro, sin duda. Y eso que la Cumbre es una reunión de la "Familia Iberoamericana" (como gustan denominar a esta comunidad muchos diplomáticos que trabajan en ella), que si llega a ser un encuentro con mandatarios marroquíes o iraquíes... quien sabe qué indumentaria hubiera elegido Aznar. Para seguir con las malas maneras del presidente español hay que destacar otra que no es habitual en España: señalar con el dedito índice. Ese gesto es considerado de mala educación en la Madre Patria. De hecho, cuando un niño pequeño apunto con un dedo a algo que quiere, los padres le suelen reciminar: "niño, no se señala con el dedo".Bueno, pues Aznar señala y mucho. Si le hubiera dado por rascarse la cabeza (algo impensable entre los anglosajones) o hurgarse la oreja o incluso la nariz..., tampoco es que estuviera bien visto, pero al menos los españoles lo reconoceríamos como gestos patrios. Yo no sé si Aznar es consciente de que entre sus múltiples responsabilidades está la de representar a 40 millones de españoles y eso no consiste sólo en firmar acuerdos internacionales o tomar difíciles decisiones de gobierno sino también en cuestiones de diplomacia y protocolo. El que escribe no ha tenido la oportunidad de observar a Aznar en persona más que tres o cuatro veces en los seis años que lleva al frente del Gobierno español. Y en Bávaro (República Dominicana), el 'anti-guayabera' me sorprendió agradablemente en su rueda de prensa porque ha ganado en aplomo, en seguridad, se le ve que domina los temas... ¡hasta parecía relajado! (aunque esto último debía responder al delicioso clima caribeño). En definitiva, que en estos años ha ganado mucho peso político, vaya. Lo lamentable es que Aznar siga protagonizando este tipo de incidentes, menores pero molestos, como ya ocurriera en la Cumbre de La Habana de 1999 cuando se quitó la chaqueta cuando no debía, o con los desafortunados comentarios sobre las corbatas que le hizo a Fidel Castro al poco de estrenar su cargo en la Presidencia de España. Nunca es tarde si la dicha es buena, así que desde aquí animamos al presidente español a seguir con su paddle, su jogging, su esquí, pero también Sr. Aznar... ¡échese un futbito de vez en cuando, hombre! (eso sí, sin jugar de portero al estilo Chilavert, por favor).
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| Edita Asesores de Publicaciones S.L.
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