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Jueves 5 de diciembre de 2002
El Justicialismo hoy Por
Antonio Gutelli
El partido político, léase Partido Justicialista (PJ), es la expresión en un determinado tiempo histórico de un poderoso movimiento nacional y popular de antiguo arraigo histórico, que se viste con las ropas que le demanda la formalidad de un régimen jurídico de una república demo-liberal. El propio gral. Perón solía decir que el partido político, o sea el PJ, tiene que ser lo más acabadamente posible la expresión del movimiento nacional y popular. Si no es así, el PJ pierde varias capacidades, entre otras: la de ser revolucionario, transformador, innovador; la de propender a la justicia social; la de sostener la igualdad no sólo jurídica, de las personas, sino la igualdad de posibilidades; que todos tengan un empleo; que todos tengan vivienda propia, que todos tengan ingreso a la educación y a la salud. En suma, que esté garantizado para todos los habitantes de ese país el ingreso efectivo a su condición de ciudadanos. En el mismo sentido, el Partido Justicialista, si es la expresión acabada del Movimiento Nacional y Popular, tiene que ser necesariamente "integrador y contenedor" de todos los ciudadanos y sectores sociales. Por eso en el partido tienen que haber empresarios, trabajadores, militares, curas, otras confesiones religiosas, también agnósticos, organizaciones libres del pueblo (más conocidas hoy como Organismos No Gubernamentales – ONGs); hombres de la política, jóvenes, viejos, hombres y mujeres por igual (sostenemos el cupo femenino al 50%, actualmente existe en un 30%). El peronismo, con el voto femenino que en 1952 consiguiera Evita, logró llenar la función pública de mujeres como ningún partido político en el mundo. En un tiempo corto se llenaron las Legislaturas Nacionales, Provinciales y cargos ejecutivos de mujeres. La reivindicación universal de la mujer que el mundo no ha reconocido suficientemente, le debe a Evita un mejor recuerdo. Evita sin tanta doctrina, sin tantas elucubraciones, quizá sin tanto sistema ni método fue capaz de impactar a las mujeres argentinas y a la política argentina como pocas mujeres lo lograron en la historia. Lógicamente la armonización de todos esos sectores e intereses, a veces enfrentados y contradictorios, es una tarea difícil, máxime cuando el líder armonizador por excelencia que fue Perón está muerto. El desafío entonces para los peronistas que lo sobrevivimos es ponerse a la altura de las circunstancias en un tremendo esfuerzo conjunto de racionalidad, razonabilidad y tolerancia, para que la lucha por las ideas no despedace en 1.000 fracciones al Partido Justicialista. La construcción del poder dentro del partido y el movimiento, después de la muerte de Perón, es una tarea muy difícil, y aún hoy un desafío abierto. Como mérito para los peronistas hay que destacar que a 28 años de la muerte de Perón, casi milagrosamente, el Partido Justicialista de Argentina tiene la expectativa para el año próximo de volver a ganar las elecciones y con un porcentaje de votos cercanos al que obtuvo el propio Lula en Brasil recientemente. En resumen, a pesar de las propias contradicciones dentro del partido, a pesar de algunos que se titulan peronistas y simplemente son ruines, aprovechados, sinvergüenzas, delincuentes y hasta mafiosos, en el seno del Partido Justicialista, entre sus tres millones de afiliados, hay hombres y mujeres que seguirán de pie, luchando para que el Partido Justicialista se reivindique y sea rescatado de tanto oprobio y malignidad. Recuerdo una de las tantas, a modo de ejemplo: en 1989 Carlos Menem anunciaba, conquistaba y atraía diciendo "Propongo un salariazo y una revolución productiva". Cuando llegó al poder se alió con los enemigos históricos del Justicialismo la oligarquía financiero-económica (Cipayos) subordinada a los intereses (buitres) de las multinacionales que expresan los intereses extranjeros. Es cierto que Rodríguez Saa y Kirchner son los candidatos que por su "discurso" más nos entusiasman. Pero nos preocupa el armado de sus equipos de gobierno con personajes que son el polo opuesto de su discurso y, como Menem ya nos engañó una vez, tenemos temor de ser engañados nuevamente. Hay un viejo dicho criollo: "El que se quema con leche, ve una vaca y llora". En resumen nuestra adhesión por esas dos figuras hoy está en revisión y la mirada de nuestra Agrupación es más de búsqueda que de acercamiento a alguien en particular. El Congreso del Partido Justicialista se reunió dos semanas seguidas y convocó a congresales del PJ de todo el país en número cercano a los 930. Esos congresales, que pertenecen a 22 distritos (provincias) de Argentina, han sido elegidos en las elecciones de cada distrito en el año 2000 y tienen mandato hasta la renovación de los congresales que ha de ocurrir en 2003 en los comicios internas del PJ. El Congreso es el órgano partidario de máxima soberanía, superior al Consejo Nacional del Partido que es un órgano ejecutivo y que está presidido por Carlos Menem. En cambio el Congreso Partidario estaba presidido por Eduardo Duhalde. Este renunció y en su lugar asumió un hombre de su confianza. Duhalde convocó al Congreso y obtuvo la presencia de 623 congresales: los dos tercios. Eso significa que él que manda en el Partido Justicialista es Duhalde. Ese Congreso suprimió la Junta Electoral elegida por Menem e impuso una nueva Junta más representativa de los distintos sectores de la vida partidaria en especial de los gobernadores justicialistas. Para ser más gráficos, el mandatario terminó con la guerra fría entre Menem y Duhalde. Con el dominio más que mayoritario, Duhalde no sólo derrotó a Menem, sino que dejó sin fundamento a la jueza nacional Romilda Servini de Cubría que se había hecho eco de impugnaciones a la convocatoria del Congreso Partidario. Servini intervino, a mi juicio groseramente, en una disputa partidaria en la que la Justicia no debía entrometerse. Por eso Duhalde convoca por segunda vez al Congreso, ratifica todo lo actuado por el primer Congreso y deja sin argumento a la jueza, que simplemente debe aceptar lo resuelto en ese órgano partidario. Algunos miembros de nuestra Agrupación son congresales nacionales y participaron del Congreso convocado por Duhalde y apoyaron lo que allí se resolvió. Eso no quiere decir que estén con Duhalde. Pero lograr que Menem quede afuera de la posibilidad de acceder a cargos partidarios o políticos por el Partido Justicialista es, para nosotros, un comienzo de cambios para una renovación que no ha de ser abrupta, sino que irá recorriendo etapas, o si se prefiere irá sosteniendo pequeñas batallas en pos del objetivo de rescatar al Partido Justicialista para que vuelva a ser la expresión del Movimiento Nacional y Popular de la Argentina. En nuestra Agrupación no hay ningún diputado nacional de los 256 que existen en el país. El periódico de la nuestra Agrupación les llega a todos ellos al igual que a los senadores nacionales que son 66. Muchos de ellos nos conocen, nos frecuentan, nos contactan y coinciden con lo que venimos expresando y proponiendo. No obstante, ninguno se ha cubierto con nuestro nombre para representar o manifestarse como integrante de la Agrupación. Debo decir que, en esta etapa de desarrollo de nuestra Agrupación, nuestro interés central es instalar en todos los ámbitos, no sólo de la vida partidaria sino de la vida política en general, el debate, la reflexión, el diálogo, la crítica, el análisis sobre qué debemos hacer, hacia dónde debemos dirigirnos los peronistas para cumplir con la responsabilidad histórica de una Argentina próspera, soberana, independiente y un pueblo feliz. La coyuntura, la lucha por el poder, no tienen que opacar o anular la reflexión central sobre: ¿para qué queremos el poder?, ¿cómo construiremos el poder?, ¿cuál serán nuestras alianzas?, ¿cuáles son las ideas principales que sustentarán nuestro accionar (el de los peronistas)? El modelo económico que planteamos es el reemplazo del modelo que se agotó explosivamente en las jornadas del 19 y 20 diciembre de 2001 y que no sólo terminó con el presidente De La Rúa, sino con un modelo económico que sistemáticamente se viene aplicando desde la dictadura militar de 1976 y que es fruto de la doctrina de la Seguridad Nacional y más recientemente del Consenso de Washington. No planteamos una economía socialista, planificada del estilo soviético. El modelo económico que planteamos se inserta en el capitalismo liberal, pero con fuerte regulaciones, con fuertes controles para que los intereses privados y de las corporaciones no terminen subordinando al interés de lo público y de lo colectivo. En este terreno, si debiera darse alguna subordinación sería de lo privado a lo público. Este estilo de capitalismo regulado es el que practica, con los matices que todos conocemos, las democracias europeas. Los peronistas no somos ni yanquis ni marxistas. Creemos por el contrario que hay una tercera posición, que no es la de Tony Blair, que intenta armonizar la creación de riquezas ejercitada por el hombre libre con la justicia distributiva. El peronismo intenta armonizar libertad e igualdad. El peronismo intenta armonizar Estado y sociedad.
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