Semanario de información económica y financiera
   

Jueves, 5 de diciembre de 2002

 

DESDE EL MALECON CON

Cerdos al corredor de la muerte

Por Aurelio Pedroso
(La Habana)

En Cuba, el cerdo es más sagrado que una vaca en la India. Tan "sagrado", que no puede faltar encima de una mesa para una importante celebración.

Y así las cosas, ante nosotros las fiestas de fin de año y las de Navidad, ya oficializada esta última después de la visita papal en 1998. "No hay Navidad sin cerdo, como tampoco jardín sin flores", suele repetir en estos días un poeta borrachín y callejero conocido sólo en su casa y en el bar de la esquina

Si no fuese por los controvertidos mercados agropecuarios, que son privados y que la gente no cesa de reprochar sus altos precios, la aparición de los cerdos o lechones resulta la solución para una disyuntiva que en los 80 representaba una auténtica agonía combinada con algo de operación secreta y vuelta a los años medievales.

En esa memorable época, el capitalino debía contactar con algún pariente o amigo de campesinos residentes en provincias tan alejadas como Pinar del Río o Matanzas. Conseguir el animalito ya era un éxito navideño cuando aún faltaba un mes o algo más. Luego, venía el singular acto de comproventa. El dinero poco valía y el aspirante al porcino debía llevar consigo botas de labor, camisas, pantalones, camisetas con imágenes de King-kong, cuerdas, detergente, aceite, baterías, recipientes vacíos y con tapa... En fín, todo de lo que carecía el pobre campesino para entonces efectuar un trueque que satisfaciera a ambas partes.

La aparición del agromercado dio por cerrada esa opción que tampoco muchos podían poner en marcha. Junto a ellos, el Gobierno instaló, a modo de competencia, los "agros" estatales, con precios inferiores aunque no demasiado.

Lo cierto es que ya hoy día a pesar de las limitaciones generales, la gente se las compone para tener a buen recaudo la pierna de Navidad o fin de año. Lo demás no importa. Siempre algo "se resuelve". Para que se tenga una idea del esfuerzo económico que esto representa para el ciudadano de a pie, con el salario promedio (250 pesos mensuales) sólo se podría comprar media pierna de cerdo.

Aún así, la fiesta va. Ya muchos guardan en neveras el trozo para la ocasión.

La presencia del cerdo se remonta a los años coloniales. En las conocidas "rumbas de Navidad", que sonaban por todo el pueblo al compás desenfrenado de guitarras, tumbadoras y saxofones, la multitud cantaba:

"Muy buenas noches/ la noche buena/ paseando en coche/ después de cena./ La Nochebuena, señores/ la vamos a celebrar/comiendo lechón asado/hasta por la madrugá".

Los cubanos despediremos un año difícil, que para rematar nos trajo dos huracanes que devastaron una provincia. Sin embargo, iremos a la mesa siempre con la esperanza de que el venidero 2003 nos dé un respiro en el día a día. Y nada mejor para rogar, pedir o soñar si el mensaje lo acompañamos con nuestro inestimable e insustituible lechoncito asado.

 

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