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Semanario de
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Viernes, 27 de diciembre de 2002
Buenos deseos para 2003 Por Miguel Humanes (madrid)
El ejercicio 2002 está a punto de extinguirse. Un año muy complicado para América Latina y desde estas páginas queremos desear lo mejor para la región en el nuevo año por estrenar. Que Argentina continúe saliendo de la profunda crisis que ha asolado a la economía, a la política a la sociedad... a todo. Que las elecciones presidenciales den la batuta del país a un político serio, responsable, al que la corrupción le suele a un mal prehistórico, que entienda que el bienestar del país está por encima de intereses personales y partidistas. Que toda la nación aprenda de los errores del pasado para no volver a cometerlos. Y que se cumpla la teoría de que toda crisis significa cambio y que ese cambio sea para bien y para la inmensa mayoría de la población. Y que las cacerolas suenen pero por la abundancia de alimentos que contengan. Que Lula y su equipo de Gobierno tomen el timón con firmeza y que construyan un Brasil fuerte, más abierto y tolerante. Que pongan los medios para que se redistribuya la riqueza en este rico país, que no atenten contra el orden internacional establecido (FMI), sino que contribuyan a cambiarlo sin olvidarse de los menos poderosos. Que logren consolidar a Brasil como el líder de la región y que su voz se escuche alta y clara en los foros internacionales. Que cumplan su objetivo de fortalecer Mercosur para incrementar la riqueza de la región con un aumento de los intercambios comerciales y que el bloque se consolide y sirva de interlocutor válido con EEUU y su deseado ALCA. Que Venezuela alcance un consenso político que restablezca la paz social y permita al país volver a producir, y no sólo petróleo. Que su presidente, Hugo Chávez, deje un poco de lado sus sueños bolivarianos y se dedique más a escuchar los problemas del pueblo. Que no haya más muertos por diferencias políticas, que los fallecimientos se produzcan por muerte natural. Que llegue la paz a Colombia y que se encuentren empleos alternativos al cultivo de coca y al narcotráfico para los integrantes de las guerrillas, que las autodefensas y el resto de los grupos paramilitares dejen las armas y se dediquen a luchar sí, pero por el progreso, la paz y la justicia social. Que el nuevo presidente de Ecuador reduzca la pobreza que afecta a más del 80% de la población, que busque aliados en sus vecinos. Que junto con Bolivia y Perú fortalezcan la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y hagan converger sus pasos con los del Mercosur para ir avanzando hacia la verdadera unión de América Latina. Que Perú acabe de consolidar su nuevo Gobierno y que la integración de los indígenas y demás propuestas sociales del presidente Toledo tengan su correlación en un despegue económico que la nación tanto necesita. Que Chile no se desmarque de sus compañeros de viaje y que sus éxitos en materia macroeconómica y buena gestión financiera los exporte a sus vecinos. Que recupere sus elevadas tasas de crecimiento económico de los años 90 para que pueda importar muchos productos de otros países latinoamericanos. Que siga insertándose con éxito en la economía mundial, pero que no olvide sus orígenes. Que Uruguay se pueda sacudir pronto los efectos de la crisis económica y si no puede recuperar su condición de "Suiza de Latinoamérica", que se quede como la Suecia de la región, que el estado de bienestar en ese país nórdico es envidiable. Que Paraguay abandone su condición de "patito feo" del Mercosur y que busque sus potencialidades económicas para poder especializarse y alcanzar un crecimiento económico que erosione la pobreza. Que Centroamérica y el Caribe no sigan siendo los grandes olvidados de la región, que vayan insertándose económicamente en su entorno y en el mundo. Que dejen sus rencillas particulares, entre los propios países de la zona, para buscar y trabajar en objetivos más amplios, de integración, de crecimiento económico. Y dentro de este colectivo, que Cuba deje de ser el sueño de trasnochados pseudorrevolucionarios de otras latitudes que no vivieron los años 60 y los reviven por las calles y los campos cubanos. Que Fidel Castro deje de mirarse al ombligo y prepare las condiciones para que, cuando él falte, su pueblo no se vea inmerso en revueltas, enfrentamientos y que no se reabran viejas heridas. Que esas heridas mejor se queden en atractivas cicatrices que recuerden lo infructuoso de la división de un pueblo. Que México mantenga su senda de progreso, pero sin olvidar que hay más de 40 millones de pobres que no disfrutan de las ventajas del Nafta, ni del TLC con Europa ni... de nada. Ellos también son mexicanos y no deben convertirse en los hermanos desheredados de los mexicanos que estudian en las mejores universidades de EEUU. Y que los países ricos liberalicen sus mercados para los productos primarios latinoamericanos de la misma manera que exigen la apertura de los mercados de las naciones en desarrollo para sus productos industriales y tecnológicos. Que ya está bien. Ojalá se cumplan estos deseos y feliz año 2003 a todos, de corazón.
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| Edita Asesores de Publicaciones S.L.
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