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Viernes, 24 de enero de 2003

 

Política Científica

Por Alberto Miguel Arruti
(Madrid)

 

Lo mismo que se habla de "política económica" o "política exterior", ha surgido del concepto de "política científica". Se entiende por tal el conjunto de disposiciones, el ordenamiento jurídico, que el Estado debe adoptar para fomentar la investigación científica. Lo que significa que se considera la ciencia como un valor económico y de progreso social.

Ya en 1898, Ramón y Cajal escribía que "la prosperidad duradera de las naciones es obra de la ciencia y de sus múltiples ocupaciones al fomento de la vida y de los intereses materiales. De esta indiscutible verdad sigue la obligación inexcusable del Estado de estimular y promover la cultura, desarrollando una política científica, encaminada a generalizar la instrucción y beneficiar en provecho común todos los talentos útiles y fecundos brotados en el seno de la raza".

En España, un hito importante en esta línea ha sido la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología. En Latinoamérica la investigación tecnológica avanza con mucha lentitud. Con mucha más que la preparación de los usuarios que han recurrido a los medios electrónicos para asegurarse, a veces, la simple supervivencia.

Una gran diferencia con la actitud de los clientes de la madre patria. Es tradicional el escaso interés de la sociedad española por la ciencia. Algunos datos sobre el PIB son reveladores. Mientras que a mediados de los 60, no se alcanzaba el 0,20% del PIB en investigación y desarrollo, ahora se supera el 1%, pero todavía nos encontramos muy lejos de donde deberíamos estar.

A pesar de este enorme progreso, las empresas españolas innovadoras representan tan sólo un 20% del total. Aunque han duplicado su número en los últimos años, en la Unión Europea representan un 44%. Por todo ello, el ministro español de Ciencia y Tecnología, Josep Piqué, ha podido decir: "Necesitamos un profundo cambio de mentalidad en un tema tan esencial como es la innovación. Se han hecho muchos esfuerzos y muy importantes, pero queda un largo camino por recorrer. Si no somos capaces de que la sociedad española comprenda la apuesta estratégica que la innovación representa, nos arriesgamos a quedar de nuevo fuera del marco de las sociedades más dinámicas y competitivas, lo que significa en términos políticos y sociales, hipotecar nuestro futuro".

Conviene tener en cuenta que la investigación científica, lo mismo que la educación, no es sólo una cuestión de dinero. La influencia del gasto público en educación sobre el rendimiento académico de los estudiantes en nuestro país es uno de los aspectos más interesantes de una tesis doctoral presentada, en la Universidad de Navarra, por Francisco María Poveda. La conclusión a la que se llega concuerda, más o menos, con una serie de investigaciones llevadas a cabo en la Universidad de Stanford. Y así se llega a la conclusión de que el gasto público en educación ha tenido siempre escaso efecto sobre el rendimiento académico.

Dicho con otras palabras, no hay razones para esperar mejoras en el rendimiento de los alumnos con sólo aumentar los recursos.

Mejorar la investigación y la innovación implica también crear un clima social determinado, que apoye y que valore la labor de los investigadores. Esta tarea no puede ser llevada a cabo más que con la colaboración de los medios de comunicación. Porque no hay ciencia sin difusión y divulgación. Por lo que se trata de aproximar la ciencia a la sociedad, haciendo que ésta sea consciente de la importancia de alcanzar una cultura científica y tecnológica.

 

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