Semanario de información económica y financiera
   

Viernes, 31 de enero de 2003

 

Sobreestimación vs Subestimación

Leopoldo Brandt Graterol
(Caracas)

 

Después de transcurridos 60 días del paro nacional en Venezuela, podemos reiterar, con toda propiedad, que la sobreestimación y subestimación siguen siendo mal utilizados por todos los factores de la sociedad venezolana, con los consecuentes efectos para uno y otro bando. Diversas son las razones que generan lo anterior: Tradicionalmente hemos sobreestimado nuestros ingresos petroleros, elaborando presupuestos nacionales, cuya regla es quedar deficitarios durante su ejecución.

En los contados casos en que se han cumplido los pronósticos del precio del barril de petróleo, los excedentes obtenidos han tenido un destino incierto en manos de representantes de todos lo sectores, ante la queja de ambos bandos sobre quién obtuvo un trozo mayor de pastel.

Pero peor aún ocurre en el sector político, especialmente en nuestra actual coyuntura. La oposición ha subestimado el poder del Gobierno y éste, a su vez, ha subestimado la gallardía y capacidad de la sociedad civil. Adicionalmente, todos han sobreestimado a las fuerzas armadas y se sigue a la espera de la posición de las mismas. No hay por qué pensar que la situación interna de dicho cuerpo sea diferente a la polarización fuera de los comandos (70% oposición vs 30% Gobierno).

Se toman medidas sin aparentemente haber previsto las consecuencias, sobreestimando una capacidad de aguante económico, que el sector empresarial parece no tener, situación esta que nunca pasó por la mente de muchos líderes de la oposición. Se declara un paro, que al no cumplir su objeto en mediano plazo, revertió sus efectos nefastos contra sus mismos convocantes, y peor aún, en contra de sus presuntos representados, quienes no están seguros si era este el precio que debían pagar.

Muchos se siguen haciendo la misma afirmación: Es mejor haber cerrado con el paro, ya que de todas formas hubiese cerrado en pocos meses con la situación económica. El sector oficial, sigue presionando y no le ha quedado más remedio que dar vestigios de que el paro sí ha afectado su situación financiera, aunque hayan podido caminar sobre la cuerda floja, sin caerse hasta la fecha. No parecen revisar, periódicamente, los filamentos de la cuerda, que uno a uno continúan desgarrándose.

Parece que la violencia, otro de esos factores subestimados por una parte y sobreestimados por otra, ha llevado a la reflexión sobre el verdadero precio pagado (o por pagar, pienso) y la necesidad de repensar las medidas adoptadas de parte y parte.

Ahora más que nunca, se hace imperativo, y no exigimos mucho, sólo un clima de serenidad para que las gestiones de la mesa de Negociación y Acuerdos, junto con el respaldo del grupo de amigos internacionales, genere sus frutos.

Para los que no podemos y no queremos irnos de nuestra patria, sólo es válida una fórmula compleja de pensar y trabajar inteligentemente, usando estrategias a mediano plazo, tratando de mantener un clima social y económico democrático "vivible", en lo posible.

La espera quizá se extienda y sean pocos los que queden de pie para vivir la nueva Venezuela.

 

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