Semanario de información económica y financiera
   

Viernes, 7 de febrero de 2003

 

DESDE EL MALECON CON

Cuba, con el enemigo en casa

Por Aurelio Pedroso
(La Habana)

 

Absolutamente nada trasciende a los medios de comunicación, pero todos los días ocurre algo. No hay cuartel para el combate contra la droga y es la propia gente de la calle quien en sus pecualiares tertulias callejeras cuenta de militares del ejército conocidos como "boinas rojas" unidos a efectivos de la policía que están llegando a operar con chalecos antibalas y fusiles de asalto Kalannikof.

La Habana se juega una importantísima carta para el futuro en la que la aspiración a una juventud sana y la estabilidad del régimen van de la mano.

Mucho más puede una organización criminal, como las que gestionan el comercio ilícito de la droga, que un grupo de simples delincuentes dedicados a robar en almacenes y hasta en hospitales langostas o varios kilogramos de leche en polvo.

Esta semana la orden ha llegado clara para los médicos que prestan servicios de urgencia en policlínicos y hospitales: reportar al instante a las autoridades aquellos sujetos que se presenten no borrachos mirándoles lascivamente los muslos a las enfermeras, sino los que con mirada extraviada y ojos inyectados en sangre arriben cantando una extraña jerigonza o pidiendo agua a gritos.

Hasta el momento, en debido orden, los sindicatos, las asociaciones de campesinos y más recientemente los miebros de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC) han hecho público en los diarios sus posiciones de intransigencia y apoyo a todo lo que se haga en favor de cortar el mal de raíz.

Operativos por doquier y a cualquier hora del día o de la noche en busca de alijos en centros de expendio o consumo. Bienes confiscados que llegan a incluir hasta viviendas o tierras, según los nuevos decretos elaborados al calor de esta situación, agravada un tanto debido a la tardía respuesta a un problema que ya peinaba canas.

Registros en viviendas que por lo general son efectivos, en los que de paso van hasta los almacenes de la policía algún que otro viejo y destartalado aparato de hacer helados que años atrás pertenecía a un establecimiento gastronómico.

Paradójicamente, nada se conoce y todo el mundo está enterado, que La Habana, de acuerdo a la anciana Magdalena, está que "pela".

CBB

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