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Viernes, 14 de febrero de 2003

 

DESDE EL MALECON CON...

Los cubanos y sus animaladas

Por Aurelio Pedroso
(La Habana)

 

En Cuba, cada cierto tiempo ocurre una animalada. Y como casi siempre el responsable es un hombre, el animal queda exento de culpas, amén de que aún no existen tribunales para juzgarlos.

La última, y que es vox populi, no es nada más ni nada menos que un perro de raza rottweiler con dientes de oro. Según el comentario popular, que rara vez se equivoca porque siempre hay un distingo entre lo que se echa a correr por broma y lo que es verdad, el animalito de sonrisa a lo Pedro Navaja era propiedad de un presunto capo de la droga caído en desgracia por acción y efecto de los operativos que se realizan en estos días.

Vaya si tenía dinero este caballero que hasta el can llegó la suntuosidad dorada, mientras que centenares de personas, entre ellas este corresponsal, aguardan desde hace meses por ubicarse una muela postiza perdida por morder una simple galleta de producción nacional.

De perros está inundada nuestra historia más reciente. Muchos recordarán el grado de molestia manifestada públicamente por el comandante Fidel Castro cuando conoció de un estelar programa de televisión que presentó para toda la isla al famoso perro "Niño", que hablaba y decía cosas como "¡Ay, papá!". Ante las cámaras, su dueño, un oriental de la provincia de Guantánamo, hacía con la mano izquierda cierta presión sobre la garganta del perro y éste decía lo que decía.

Lo que nunca se mostró (y he aquí nuevamente la sabiduría popular) era la mano derecha, que con toda seguridad aprisionaba brutalmente los cojones del animalito. En días pasados, un programa estelar de sábado por la noche, dedicó todo el espacio a aquellos amantes de los animales. Así conocimos de compatriotas que tienen en casa un león, una serpiente, una mona, pajaritos, perritos y los peligrosos caimanes.

Algunos recordarán un documental de la época floreciente del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (Icaic) en el que un alimentador de leones en el zoo capitalino confesaba que no sentía el más mínimo temor de darle de comer a las fieras porque las verdaderas estaban sobre dos pies en la calle.

Un paseo por La Habana Vieja turística bastará para percatarse de perros que "fuman" puros u otros con gafas de sol que saludan al público siempre y cuando les dejen caer un dólar norteamericano.

Animales hemos tenido que son amos y señores de algunos pueblos como aquel burro por tierras también orientales que bebía sólo cerveza y hacía lo que le venía en gana por las calles sin respetar señales de tránsito, hasta que un día, un humano más ebrio que el otro le atropelló con su vehículo causándole la muerte.

Y por ahí anda la historia, aún no comprobada, del caballo "apátrida" que pensó que viviría mejor en Miami y junto a su jinete se lanzó a la mar cubierto de chapapote o petróleo para evitar las mordidas de tiburones. Por suerte o por desgracia fue en la época en que esto conllevaba proceso ante la Ley y la historia trascendió por el intrépido vaquero y no por el equino que no pudo ser enjuiciado.

En España, los que en el pasado estuvieron alistados en la cadena hotelera Tryp y pasaron por la isla, también habrán de recordar aquellos loros parlanchines que se llevaron a Cayo Coco para que en cada paseo del turista por los jardines del hotel escuchasen en todo momento la voz de "tryp, tryp". Pero algo sucedió. El personal del hotel, mayoritariamente cubano, les enseñó una mala palabra y entonces todos de conjunto lo único que repetían era "¡puta, puta!".

De historias con animales y sus "animaladas" estamos rodeados. Basta por hoy y por esta semana, que al perro hay que darle de comer. Hoy, como pocos en este mundo, se engullirá un suculento plato de espaguetis. Sin diente de oro, pero comedor de pastas porque los perros cubanos saben comer lo que ese día quede de sobras en la mesa de la casa.

CBB

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