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Viernes, 21 febrero de 2003
Invertir contra el retraso tecnológico Por
Alberto Miguel Arruti
No es sólo de España, es uno de los problemas cruciales de Europa, que nos diferencia esencialmente de EEUU y Japón. El problema es el retraso tecnológico, que da lugar a una falta de desarrollo económico. En este marco, se ha elaborado el VI Programa Marco 2003-2006, que dispone de 17.500 millones de euros, de los que 1.230 van dedicados a la investigación nuclear. En relación con el anterior programa marco, la Comisión ha aumentado un 4% el presupuesto. Entonces, España recibió el 6,5% de los fondos y más de la mitad fue a parar a pequeñas y medianas empresas. Desde que el Libro Verde sobre innovación fue publicado en 1995, la idea de que una política de innovación debe influir en otros campos de la acción política, se ha conseguido imponer. Pero un nuevo estudio, que debe aparecer próximamente, estima que para garantizar un auténtico crecimiento de la economía europea, la innovación debe estar enraizada mucho más profundamente en todos los dominios políticos. Se trata de crear una estructura europea, un auténtico espacio europeo de la investigación y la innovación, en el que se coordine esta política, llamado a tercera generación, que pretende alcanzar el grado de desarrollo tecnológico que tienen hoy EEUU o el Japón. Se ha dicho que la clave de la innovación es la interacción, lo que exige la creación de agencias nacionales, regionales y locales coordinadas a escala europea, encargadas a la vez de estimular la innovación en su propia zona de influencia y de compartir sus conocimientos con sus homólogos de toda Europa. De todo ello se habló, hace unos tres años, en Lisboa. Pero los datos demuestran que Europa está todavía lejos de dar fin al retraso que mantiene con sus principales competidores. Si bien la palabra "innovación" se encuentra en todos los labios, raros son los ejemplos que testimonian una real voluntad política de crear unas condiciones más propicias para el desarrollo de empresas innovadoras. En este VI Programa Marco, la Unión Europea pretende favorecer la participación de pymes. Un 15% del presupuesto de todos los proyectos debe incidir sobre la pequeña empresa. El Programa destina 430 millones de euros a actividades multisectoriales en las que participen las pymes y 290 programas de I+D en las que sólo participen este tipo de empresas. Varias iniciativas similares han sido lanzadas en Latinoamérica por organismos prestatarios internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En otros tiempos, de menores turbulencias económicas y con menos incidencia de las crisis en la sociedad, ha existido verdadera preocupación en el subcontinente por cerrar a toda prisa la brecha tecnológica. Pero ahora, quizá no es el mejor momento para preocuparse de estos asuntos que, sin embargo, los latinoamericanos no deben olvidar porque condicionan sus posibilidades de futuro. Como las del resto del mundo. El conocimiento humano crece lentamente. Los más destacados creadores sólo aportan un poco más de luz y orden a la oscuridad y la confusión que nos rodea. Lo que es una gran verdad para la investigación fundamental y para la investigación teórica. Pero aquí se trata, sin olvidar esas realidades, de fomentar una investigación aplicada, que puede hacerse en el seno de la empresa. Inclusive de una pequeña empresa. Todo ello corrobora la idea, tantas veces sostenida, de que nos acercamos a una sociedad del conocimiento, en la que éste será el elemento esencial. Cabe recordar lo que escribió Mario Bunge: "La ciencia es un estilo de pensamiento y de acción: precisamente el más reciente, el más universal y el más provechoso de todos los estilos".
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